Direcciones japonesas…

Los nombres de las calles no están señalizados (Kioto y Sapporo son excepciones a esta regla). Esto lo diferencia bastante de los países occidentales y hace que tengamos que aprender a leer las calles japonesas de un modo distinto. Una dirección japonesa siempre empieza por el código postal, seguido del punto geográfico más amplio y terminado con el punto geográfico más específico, es decir, el número de apartamento o de habitación.

Cuando escribimos una dirección en rōmaji (el alfabeto latino), el orden de escritura se invierte respecto a cuando escribes con caracteres japoneses. Es decir, empiezas por el número del apartamento o con el nombre del edificio y terminas con el nombre de la prefectura y el código postal. Cuando introduzcas una dirección japonesa en Google Maps, debes escribirla en este orden.

Por ejemplo, esta sería la forma de escribir una dirección en rōmaji y con caracteres japoneses:

  • Rōmaji:  3-13-3 3F Seiwa Ikebukuro building, Higashi-Ikebukuro, Toshima-ku, Tokyo-to 170-0013
  • Kanji: 〒170-0013 東京都豊島区東池袋3-13-3 星和池袋ビル 3階

 

1. Código postal

〒170-0013
Este es el código postal. 〒 es el símbolo de la oficina de correos japonesa. En Japón, los códigos postales se componen de siete dígitos y siguen la estructura NNN-NNNN.

 

2. Prefecturas

Japón está dividido en 47 prefecturas (県, ken), y esta es la parte que viene después del código postal. Normalmente se pronuncia y se escribe 県 (ken), como la prefectura de Tochigi: 栃木県 (Tochigi-ken).

 

3. Municipio (ciudad/barrio/condado)

Lo siguiente es la ciudad (市, shi), el barrio (区, ku) o el condado (郡, gun).

Al nombre de la ciudad le sigue el sufijo (市), como a la ciudad de Yokohama (横浜市, Yokohama-shi).

Las ciudades más grandes también se pueden dividir en pequeñas secciones que son llamadas barrios. Tokio está dividido en 23 barrios especiales (特別区, tokubetsu-ku), conocidos simplemente como barrios (区, ku), como por ejemplo el barrio de Shinjuku (新宿区, Shinjuku-ku).

A las áreas más pequeñas y menos pobladas se las llama condados o distritos (郡, gun). Los condados son más comunes en las zonas rurales de Japón, como el distrito de Gunma (群馬郡, Gunma-gun), ubicado en la prefectura de Gunma.

 

4. Ciudad pequeña/pueblo 

Muchas direcciones en Japón también se dividen en zonas geográficas más pequeñas: ciudades pequeñas (町, machi/chō) y pueblos (村, mura/son). Sakuragi-chō (桜木町), en Yokohama, es un buen ejemplo de ciudad pequeña.

Por ejemplo, la primera parte de la dirección de la estación de Sakuragi-chō es la siguiente: 神奈川県横浜市中区桜木町. Lo que se traduce como: prefectura de Kanagawa, ciudad de Yokohama, barrio de Naka, ciudad pequeña de Sakuragi.

 

5. El distrito de la ciudad

Las ciudades japonesas están también divididas en distritos de la ciudad (丁目, chōme). Estos se asignan normalmente basándose en su cercanía con el centro de la ciudad. Cuando lees una dirección en japonés, a chōme siempre le sigue un número: por ejemplo, 3丁目 (sanchōme), o el tercer distrito de la ciudad.

 

6. La barriada o manzana de la ciudad 

Al distrito de la ciudad le sigue el número de la barriada o manzana en la que se encuentra (番地, banchi). Al igual que al chōme, al banchi también le precede un número. Las barriadas normalmente tienen una forma muy irregular y están muy dispersas. Esto se debe a que están numeradas según el orden en las que fueron registradas.

 

7. El número de domicilio 

Las casas y los edificios se ordenan con el número de domicilio (号, ). El orden de los números depende de cuándo fue construida la casa, con lo cual los números no tienen por qué seguir un orden lineal. Los gō también pueden seguir el sentido de las agujas del reloj.

Estas tres partes (distrito, barriada y número de domicilio) también pueden escribirse solamente con números, como esto: 3丁目-3-13, en lugar de 3丁目3番地13号. Esto se leería como tercer distrito de la ciudad, tercera manzana, domicilio número 13.

 

8. Nombre y número del inmueble 

Si la casa o el edificio tiene nombre, este se pondrá a veces después del número de domicilio.

Por ejemplo, el Ichiran Ramen de Shibuya se encuentra en 東京都渋谷区神南1丁目22−7 岩本ビルB1F (Tokyo-to, Shibuya-shi, Jinnan, 1-chōme−22−7 岩本ビルB1F), lo que significa que está en la planta B1 del edificio Iwamoto.

Para los apartamentos, los números del domicilio (o el nombre del edificio) van seguidos de un número de apartamento. Normalmente se añaden después del número del distrito de la ciudad, la manzana y el número de domicilio. Por ejemplo, si alguna de las direcciones mencionadas fuera un apartamento con la dirección 3丁目-3-13-502, significaría que el número de apartamento es el 502.

Fuente: https://gogonihon.com

Coste de oportunidad…

El coste de oportunidad es mi modelo mental favorito. Tomar la decisión en función de la mejor alternativa disponible. Yo, que quería un Golf, decidí quedarme con el Dacia Sandero. Metí la diferencia al bitcoin porque me gusta el upside de las criptomonedas. Prefiero una wallet enterrada en el bosque antes que conducir con calefacción en los huevos. El coste de oportunidad incluye el largo plazo: estoy comprando un ticket para jubilarme a los 40. El Golf, en cambio, sufre depreciación desde el minuto 0. Añádele impuestos y gastos de mantenimiento. Y la preocupación por el rasguño que perturba mi sueño. Todos los coches cumplen la misma función: llevarte del punto A al punto B. Las diferencias marginales en diseño, equipamiento y seguridad no justifican los elevados precios. ¿Sabes qué reduce la accidentalidad? Circular siguiendo las normas. Un Dacia Sandero, sin climatizador, cura todas las gilipolleces. La autoestima sufre con un motor de 80 CV pero esa es buena medicina para lidiar con el tramposo ego. Presentarte a la reunión familiar con el coche más triste, señal inequívoca de inteligencia. Tu primo consultor te considera un perdedor. El mismo retrasado que financió un deportivo a 60 meses para conducirlo por carreteras con límite de 120. Salir de la competición por estatus, fijando tus propias reglas. Cómprate un utilitario rumano. No puedes perder si no juegas el juego.

La señalización es la trampa de la clase media. Esclavos de la novedad constante, en una felicidad con fecha de caducidad. Diferenciemos entre quien no llega final de mes porque no gana lo suficiente y quien no llega a final de mes porque es imbécil. Tú ingresas 4.000 netos. ¿Qué coño haces tirando de tarjeta? Los ricos de verdad, los que no se preocupan por el dinero, llevan un Mercedes de 1999. Sorpresa: no te ganaste su respeto comprando un coche a crédito. Regresa la España del Cayenne porque no hay lecciones en ciclo alcista. Esté preparado cuando llegue la crisis, no puedes permitírtelo si no puedes cubrir la pérdida. Tu vida cambia el día que entiendes que el ahorro compra independencia. El gasto (¡cualquier gasto!) pierde atractivo en el coste de oportunidad, ya nada es imprescindible, excepto tu libertad financiera. No quieres un descapotable que genera apego, solo quieres opcionalidad en un mercado incierto. El lujo, mal entendido, corrompe las almas de los pretendientes. El lujo no es lo que tú crees. El lujo no es un restaurante pretencioso. Ni tampoco un bolso de marca. Ni por supuesto un fin de semana en Baqueira. El lujo es más simple. El lujo es control de la agenda. El lujo es decir lo que piensas. El lujo es libertad de movimientos.

Fuente: https://joantubau.substack.com

8 años marcianos…

Inauguramos. Exactamente cinco años después el Curiosity comenzaba su andadura. Ha requerido 10 años para explorar «apenas» 30km. Irrelevante distancia descontextualizada. Todo un hito.

Hoy Raiden.tk cumple 8 años marcianos. Apenas 15 kilómetros más que el curioso homólogo marciano compartiendo en este infinito universo de «la intelné«. Y el generador termoeléctrico de radioisótopos continúa funcionando.

RX/TX.

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El dinero compra felicidad…

El dinero no compra la felicidad pero el dinero compra felicidad. Marginalmente. La utilidad presenta un rendimiento decreciente. Los primeros mil euros tienen un mayor impacto que los mil siguientes. La curva se aplana a partir de los 50.000 anuales, ganar un euro extra allí no repercute significativamente en tu bienestar.

Mi primera intuición es que no ahorres cuando eres joven. Gástatelo todo en viajes. Un Interrail a los 18 reporta mayor felicidad que un viaje a los 50 por todo lo alto. Los lonchafinistas citan el interés compuesto. Que disfruten de su millón en el geriátrico.

Las experiencias funcionan en una escala binaria. El acceso al televisor marca la diferencia, no su tamaño. Tu vida se parece más a la de Buffett que a la de un pobre en la India. 30.000 euros te separan del joven de Bangladesh. 104.000 millones te separan del abuelo de Omaha. A pesar de la abismal distancia, la brecha es infinitamente mayor en los 30.000 iniciales. «Tengo una pantalla más grande para ver el mismo partido de baloncesto». Buffett hacía también la broma del jet privado. Es más cómodo (¡incremento marginal!) pero no representa un cambio de paradigma. Llevar la electricidad a esas chabolas sí les cambia la vida.

Son muchas las trampas en la sociedad desarrollada, pero debes plantearte cuándo será suficiente. Si estás cerca de los 50.000, pregúntate el coste de oportunidad (¿menos tiempo con tu hijo?) de ganar ese euro extra. ¿A qué estás renunciado para subir un peldaño? Identifica ex ante el punto en el que dejar de competir y recuerda que no hay tal cosa como un almuerzo gratis. Qué puedes comprar con cada euro que ganas y qué dejas de hacer con cada minuto que pierdes.

Tienes que escoger y no es fácil con tantas opciones. La oferta infinita (¡Tinder!) sabotea tu felicidad. Se complica la elección y, más jodido, condiciona tu experiencia. Por muy contento que estés, sientes que te estás perdiendo algo, sientes que existe algo mejor allí fuera, esperándote. Seguí por Eurosport el partido de Nadal contra Djokovic, después de pelear la noche antes por una entrada. Que no alcanzara ese objetivo me impidió disfrutar en plenitud del duelo. Era consciente que, con un poco de suerte, yo podía estar en ese estadio, en la majestuosa Philippe Chatrier, con todo el glamour de Roland Garros. Peor te sientes cuanto más cerca te quedas. La demencial paradoja es que sería más feliz si fuera inalcanzable.

Fuente: https://joantubau.substack.com

El día «D-día»…

Hay un día al año en el que el 99% de la población mundial recibe la luz del sol al mismo tiempo. ¡Es hoy! Este 8 de julio es especial por un hecho insólito: a las 11:15 UTC (13:15 hora de Madrid) resulta que para más del 99% de la población mundial será «de día». Parece casi imposible pero atentos, porque en esencia el dato es correcto.

 

Ocurre el 8 de julio a las 11:15 UTC. No es que ocurra solo hoy: ocurre cada 8 de julio, cada año, a las 11:15 UTC (equivale a las 13:15 CEST, es decir, la hora en España peninsular, por ejemplo).

Es «de día» para 7.700 millones de personas. Los responsables de TimeAndDate han realizado algunos cálculos y a esa hora revelaban que solo será de noche para unos 80 millones de personas —la mayoría, en Australia—. 7.700 millones de seres humanos —el 99% de nosotros— estarán entre lo que entendemos como el amanecer y el anochecer.

 

Crepúsculo astronómico… Casi 257 de millones de personas, eso sí, probablemente no piensen que «es de día» porque residen en «el borde más externo de las zonas crepusculares, dentro de la fase crepuscular más oscura llamada crepúsculo astronómico». En esa zona el Sol se encuentra entre 12 y 18º por debajo del horizonte, y en ese ángulo «la luz solar indirecta se vuelve tan fina que suele ser indiscernible a simple vista». Ese tipo de luz solo es percibida por ejemplo cuando los astrónomos tratan de observar cuerpos celestes que emiten luz muy débil: es entonces cuando necesitan oscuridad total y cielos totalmente limpios, y ese tipo de luz crepuscular puede perjudicar esas observaciones.

… y crepúsculo náutico. Pero es que además otros 443 millones de personas también pensarán que es de noche porque incluso en la siguiente zona crepuscular, llamada «crepúsculo náutico», el sol está entre 6 y 12º por debajo del horizonte y su luz tampoco es fácilmente discernible. Por ejemplo en zonas urbanas, donde se concentran la mayoría de las personas, la contaminación lumínica puede acabar «tapando» el tenue resplandor del Sol.

El porcentaje real se acerca más al 93%. Teniendo todo esto en cuenta, el porcentaje de población que percibe esa luz solar es algo menor. Aún así es impresionante y cerca del 93% de la población mundial sí «pensará» que es de día: unos 7.205 millones de personas en total.

¿Qué pasa con el solsticio de junio? El solsticio de verano (o de junio) es el día más largo del año en el hemisferio septentrional. Este año se produjo el 21 de junio (también a las 11:15 UTC, que es el momento «perfecto» en ambos casos) y uno pensaría que sería entonces cuando más personas percibirían que es de día. Según TimeAndZone eso es cierto si dejamos fuera esas zonas crepusculares astronómica y náutica que no perciben que es de día.

Si tenemos eso en cuenta, el solsticio de verano gana, pero por poco: 7.218,8 millones de personas percibirían que es de día en el solsticio de junio frente a los 7.204,9 millones que lo harán hoy, 8 de julio, a las 11:15 UTC. Sea como fuere, la fecha de hoy es desde luego singular, y ciertamente sería interesante darle algún nombre especial para reflejarlo.

Fuente: https://www.xataka.com

Rivales…

Para encontrar su origen etimológico debemos ir al latín, ya que esta palabra procede del término ‘rivalis’ cuyo significado era ‘el que está/vive al otro lado del río’ (rivus era como se le llamaba al río/arroyo en latín).

Muchos eran los que vivían lindantes a la orilla de un río y frecuentes las discusiones que existían con el vecino del otro lado (o incluso con el de más arriba o abajo) por cuestiones del uso del cauce (sobre todo si éste no bajaba con demasiada agua) o por la usabilidad o derechos que creía tener uno u otro sobre el mismo, lo que llevaba frecuentemente a iniciarse disputas y enfados (o en pocas palabras… una rivalidad entre ambos).

También hay que tener en cuenta que, en innumerables ocasiones, los ríos (rivus) eran los que servían, como frontera natural, para delimitar un terreno del otro en incluso condados, países, etc… convirtiéndose el del otro lado en un ‘rival’.

Fuente: https://blogs.20minutos.es

Contrato vinculante…

“¿Qué es la cosa más extraña que has tenido que hacer en casa de alguien debido a su cultura/religión?” Es la pregunta que lanzaba un usuario de Reddit y cuya respuesta, que se ha hecho tremendamente viral, nadie esperaba.

–“Recuerdo ir a casa de un amigo sueco. Mientras estaba jugando con él en su habitación su madre gritó que la cena estaba lista. Y al loro. Me dijo que esperara en su habitación mientras comían”.– Explica un usuario.

“Fui a dormir a casa de un amigo. Cuando me desperté, me dijo que bajaba durante unos minutos. Después de un cuarto de hora bajé a ver qué estaba haciendo y estaban desayunando. Me vio y me dijo que casi había acabado y que ahora subía”.

¿Compartir? ¿Qué es eso?

¿Es cierta esta costumbre de los suecos? Aunque con matices, parece ser que sí. Como explica a DAP la asturiana Raquel Machín, que lleva casi una década afincada en Suecia –y ya es, de hecho, sueca–, es una de las cosas que más les sorprendió al convivir con sus nuevos vecinos.

“En general el sueco con la comida es como decía mi abuela un husmias”, explica. “Si llevas a tu hijo a jugar una tarde a casa de alguien hay que pactar de antemano si va a quedarse a comer o no y a la hora que le vas a recoger. Si llegas tarde y has dicho que no coma, sí le mandan al rincón”.

El hilo de Reddit se ha hecho también viral en Suecia, donde no son conscientes de que sus costumbres no son muy habituales en el resto del mundo. “No entendían por qué los mediterráneos, asiáticos, africanos, árabes estaban en shock”, explica Machín.

Durante todo el día de ayer, cuando se viralizó el asunto, los suecos se volcaron en Twitter a explicar el por qué de estos hábitos, defendiendo que han sido muy pobres o que la razón principal es por respeto a la familia del niño, porque no saben si tienen alguna alergia o intolerancia. Pero lo cierto es que hay razones culturales más complejas.

“Los sureños ofrecemos comida a cualquiera y no tenemos en mente que se nos compense pero los suecos ven cualquier ofrecimiento como un contrato vinculante al que en el futuro tendrán que responder recíprocamente”, explica Machín. “Este ofrecimiento y aceptación implica el principio de una relación, y si todavía no tienen claro que quieren una relación contigo (de cualquier tipo), les pones en un compromiso y les resulta súper violento aceptar”.

Una vez van entendiendo que tus costumbres son distintas, explica Machín, se adaptan como pueden: “En el momento que les parece bien tenerte alrededor vaya que si comen jamón y beben vino que les ofreces. Y te traen regalos y te ofrecen sus mierda de waffles y salchichas (aunque con mesura)”.

Otro asunto que al parecer no conciben en Suecia es que la gente lleve comida para compartir. Y menos aún que esto se haga en restaurantes.

“Me ha pasado de llevar tortillas o empanada a picnics, ofrecer y que me mirasen raro”, explica Machín. “También he ido a barbacoas pensando que las salchichas eran comunales y pillar una y tener crisis diplomática. He visto a suecas comerse una tapa de pimientos de padrón, que aquí son populares, ellas solas, sin compartir, metiéndose un pimiento detrás de otro”.

“El rollo de ofrecer comida e insistir e insistir e insistir (asturias inside, imaginad mi extrañeza) se percibe como cuando vas al bazar y te intentan meter a la fuerza dentro”, prosigue Machín. “O sea: primitivo y por descontado «inferior”.

Con el tiempo, no obstante, la rigidez sueca se va minando. “Hay una tendencia también entre los ‘modernos’ de adoptar maneras más sureñas en cuanto a protocolo: compartir comida y etc”, concluye Machín. “Porque se ve como algo cool. Gracias Barcelona y Donosti por haber hecho esta imagen posible”.

 

ACTUALIZACIÓN:

“Acabo de venir de buscar a mis nenes que habían ido a jugar a casa de un compi y confirmo que les han dado comida”, explica Raquel Machín, la asturiana afincada en sueca con la que hablamos para ilustrar nuestro anterior artículos obre el asunto y que, suponemos, no tiene miedo de ser descubierta en su país de acogida.

“La madre estaba súper nerviosa y recalcó varias veces que les ofreció lo mismo y que hubo cosas que no quisieron probar”, explica. “Y yo: pos claro, mujer, chill, todo ok. Les hemos creado un trauma a los suecos y ahora están intentando muy fuerte hacer la cosa de ofrecer comida bien y naturalmente. Pubritines, se lo han tomado muy a pecho”.

Pobreza…

Sobre la pobreza aprendí que es una metástasis que se lo come todo. Ojalá fuera solo escasez de dinero o incluso de alimentos. La pobreza hace que niños de cinco años tengan la estatura de uno de un año y que saquen peores notas que un niño que puede comer fruta, carne y pescado todas las semanas. La pobreza hace que su capacidad de aprendizaje y desarrollo sea mucho menor, hace que tengan menos opciones de tener éxito. Que tengan menos posibilidades de convertirse en deportista (por falta de medios —¿dónde conseguir una raqueta o una piscina para entrenar?—, de buena nutrición o de buena formación), de convertirse en científico o artista. La pobreza hace que crezcan con esas carencias y eduquen a la siguiente generación sin herramientas. Hace que se hereden las lagunas emocionales y no sepan ser cariñosos. Que se perpetúen los códigos de violencia. Que no haya medios para supervisar el desarrollo de los niños que conformarán la siguiente generación de adultos. Que no se detecten enfermedades con solución y la gente conviva con ellas sin ser consciente de lo que padece, ya sean alergias, ansiedad, problemas en la piel, tiroides o cualquier otra cosa que jamás nadie les diagnosticará.

La romantización de la pobreza es, tal vez, el cliché más injusto y cruel. Esos niños y niñas sin zapatos que corren libres y sonriendo por el barro son niños y niñas que crecen en un ambiente sin normas en el que el bullying, la violencia, la agresión sexual y la tensión están presentes de manera permanente. Se forman como personas en una atmósfera de dureza y supervivencia. Y llegan a adultos con esa moldura que transmiten a sus hijos. La pobreza se perpetúa, se hereda, no se supera por arte de magia.

La pobreza genera estrés y ansiedad pensando en cómo ganar dinero al día siguiente. Genera dolor de espalda porque la cama está rota. Genera fiebre y diarrea porque en casa entra frío. Cuando un niño se rompe un hueso se queda cojo toda la vida porque no hay medios para rehabilitar algo no tan complicado de solucionar. La pobreza lo abarca todo e influye en todo, se transmite de generación en generación y atrapa a sociedades enteras como una tela de araña. En general, cuando nos preguntamos por qué en algunos sitios ocurren ciertas cosas y en otros no, la respuesta casi siempre es la misma: pobreza. Ojalá fuera solo escasez de dinero.

Fuente: www.jotdown.es

El astronauta caído…

El astronauta caído es una escultura de aluminio de 8,5 cm de alto de un astronauta con traje espacial. Es obra del artista belga Paul Van Hoeydonck. Se trata de la única obra de arte realizada con el propósito de permanecer en la Luna.

En 1971, El astronauta caído fue colocado en la Luna por la tripulación del Apolo 15 junto con una placa que muestra los nombres ordenados alfabéticamente de ocho astronautas y seis cosmonautas que fallecieron en misiones o durante entrenamientos.

 

Fuente: https://es.wikipedia.org

Día del trabajador…

Me gusta mi trabajo. Me gusta dar clase aunque hay grupos y grupos, y horas y horas. Me gusta tanto que incluso hablo sobre ese trabajo fuera de mi jornada laboral o en este blog.

Trabajo por dinero. Me gustan más las vacaciones que dar clase al mejor grupo de los que tengo. Mucho más la nómina que las palmaditas en la espalda por el buen trabajo que hago. Las felicitaciones, que vengan en papel de curso legal. Mi ego no necesita más que poderlo satisfacer invitando a la gente que quiero a comer, a disfrutar de un día en la montaña o, simplemente a conversar sin prisa. Eso es vida. Vida es no tener despertador aunque madrugues. Vida es tiempo. Tiempo para poder gestionar de la manera que uno quiera. Y eso no sucede durante el trabajo. El trabajo marca unos tiempos y rutinas profesionales que uno debe cumplir. No hay otra. Especialmente para los que hemos nacido pobres.

Hago mi horario de la mejor manera que sé. Cumplo mi horario «no lectivo» con creces. Dispongo de tiempo para disfrutarlo. Y, en caso de optar por prescindir de ese tiempo libre, a diferencia de antaño, lo hago por dinero. Sí, ya estoy harto del voluntarismo y del altruismo en un contexto capitalista que, por desgracia, está a la orden del día.

La explotación laboral está a la orden del día en muchas profesiones. Algunos creen que su trabajo les va a llevar, quizás a ser los más apreciados o ricos del cementerio. Seguramente hay algunos que suplan su falta de vida personal y aficiones con un incremento de su vida profesional. Ojo, repito. No es malo. Cada uno decide cómo quiere vivir. Bueno, a veces no se puede elegir y debemos vivir de la mejor manera que nos deje las circunstancias en las que nos hemos encontrado.

Un día como hoy es un buen día para recordar que trabajamos para vivir. Y que, como decía una pintada en mi pueblo, si el trabajo fuera bueno se lo guardarían los ricos para ellos. Nadie se hace rico trabajando honradamente. Las excepciones que existen, demuestran que son solo excepciones. Espero haberme explicado bien.

Mi vida empieza al acabar mi trabajo. Y solo tengo una, así que debo aprovecharla al máximo posible.

Fuente: https://xarxatic.com