Allanamiento vs okupación…

Hoy hemos leído un artículo en la prensa que relata que una señora se marchó de su vivienda unos días para cuidar de su hermana enferma y que, cuando regresó, unos okupas estaban residiendo en su casa. La pieza periodística lamentaba lo indefensa que le había dejado la Ley, que protegía antes a los ocupantes que a la anciana, la cual se había visto forzada a ir a vivir a casa de unos familiares. La noticia, además, terminaba diciendo que si la señora hubiera mentido a la policía, diciendo que solo llevaba unas horas fuera en vez de unos días, la denuncia se habría tramitado como un allanamiento en vez de una usurpación.

Nada más lejos. El artículo incurre en un importante error, socialmente muy extendido, que informa sobre una supuesta impunidad okupa y que parece que si te vas unos días de puente te pueden ocupar la casa sin que puedas hacer nada al respecto. Esto no es así, por una sencilla razón: la okupación (regulada jurídicamente como «delito de usurpación») no es lo mismo que el allanamiento de morada.

Los delitos de allanamiento y de usurpación son tipos penales distintos, que afectan a bienes jurídicos diferentes y que comportan penas radicalmente opuestas. Su comisión no depende de si alguien está unas horas o unos días fuera de casa cuando alguien accede a su vivienda, sino de la naturaleza del inmueble en el que se ha entrado: si se trata de tu morada, de tu lugar de residencia, estamos ante un allanamiento. Si estamos ante un inmueble en desuso, de una usurpación.

El delito de allanamiento de morada

Existen distintos tipos de allanamiento, como el de morada (entrar en una vivienda) o el de domicilio de persona jurídica (entrar en un local o comercio fuera de las horas de apertura al público).

El delito de allanamiento de morada se regula en el artículo 202.1 del Código Penal (CP), que establece que «el particular que, sin habitar en ella, entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años«.

Téngase en cuenta que el tipo penal habla de «morada» y de «morador». La RAE define la morada como «lugar donde se habita«. Es decir, se requiere que el inmueble allanado sea el lugar de residencia de alguien, y que ese alguien no haya prestado su consentimiento a que accedan al interior de su casa.

El artículo 202.2 CP añade que «si el hecho se ejecutare con violencia o intimidación la pena será de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses«. En otras palabras, con violencia o intimidación, la pena sube.

En los casos de allanamiento, el bien jurídico protegido es el derecho a la vivienda y a la intimidad del hogar. Yo no quiero que una tercera persona esté en mi casa, mi espacio de intimidad, con mis cosas. Por ello, se puede actuar en el momento para expulsarla de la morada y que se tramite el preceptivo procedimiento penal.

El delito de usurpación

Caso distinto es el de la okupación, conocido como delito de usurpación. Se regula en el artículo 245.2 CP y su definición es muy clara: «El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses«.

La propia definición lo dice: no puede constituir morada. Si constituye morada, estamos ante un allanamiento, la policía puede actuar para desalojar a quien está en el interior de la vivienda y las penas previstas son de prisión. En cambio, si se ocupa un inmueble que NO constituye morada, el desalojo sólo se podrá ejecutar con la preceptiva orden judicial y la pena prevista será de multa.

El bien jurídico protegido en el delito de usurpación no es la intimidad del hogar (porque el bien ocupado no es una morada), sino el derecho a la propiedad.

Quien ha entrado a ocupar un edificio que no era la residencia de nadie, se constituye (por vías extralegales) en el nuevo morador de la vivienda, y sólo podrá ser expulsado con una orden judicial, sin perjuicio de que luego pueda responder de los daños y perjuicios causados.

La pobre señora del artículo ha sido perjudicada por una mala tramitación de su caso por parte de la policía y/o de los juzgados, pero no es víctima de un delito de usurpación.

Fuente: https://red-juridica.com

¿Son los ricos malas personas?

Businessman fixing his suit.

Hay un artículo académico curioso que lleva una temporada dando tumbos por la blogosfera americana intentando discernir si hay relación entre moralidad y nivel de riqueza. El punto de partida son varios experimentos de laboratorio (sí, ya sé, un montón de problemas metodológicos asociados) así como un estudio de observación empírica bastante ingenioso aunque un poco extraño. Los resultados son como mínimo curiosos, aunque no estoy del todo seguro que podamos sacar demasiadas conclusiones.

Primero, en una intersección de tráfico transitada, se mide el comportamiento de los conductores y su tendencia a conducir de forma agresiva y a respetar preferencia de paso. El estudio distingue entre coches caros (BMW, Mercedes, Cadillac, etcétera), presumiblemente conducidos por gente rica, y coches baratos, se supone con conductores con menos renta. Tras analizar los datos, los investigadores llegan a la conclusión que todo el mundo que ha conducido un coche pequeñito sabe de sobras: la gente con coches caros creen que son los reyes de la carretera. En fin, nada demasiado sorprendente.

Los estudios interesantes, sin embargo, son las pruebas de laboratorio. En la primera se les da a los participantes un texto que describe a alguien haciendo algo de forma deshonesta para ganar cierta ventaja, y después se les pregunta si creen que harían algo parecido. La gente con más ingresos, de forma casi invariable, decía que sí, que harían algo parecido; el resto de participantes sin embargo tendían a oponerse. En el segundo experimento, se les hacía una pequeña encuesta a los participantes, y se les decía que podían coger unos cuantos caramelos en la salida de un cesto, aunque se les comentaba que eran para los niños de una actividad posterior. Los ricos, de forma invariable, se llevaban más caramelos.

También como parte de estos experimentos se creó un pequeño juego de negociación simulada. A los participantes se les decía que tenían que negociar el salario de un contrato con otra persona, aunque la plaza ofrecida era temporal. Los participantes ricos eran mucho más propensos a mentir sobre la estabilidad del trabajo ofrecido que el resto, si con ello conseguían que la otra persona aceptara un salario menor. También crearon un pequeño experimento dando la oportunidad a los participantes de hacer trampas. Los participantes lanzaban cinco dados en un ordenador, y se les decía que como mayor fuera el resultado, más probabilidades tenían de ganar un premio. Aunque el resultado en la tirada era para todo el mundo el mismo (12), los participantes de renta alta eran muchísimo más propensos a decir que habían sacado una tirada mayor. Para acabar, se creó una encuesta con preguntas con sesgo sobre avaricia, para ver si las respuestas seguían siendo distintas. De nuevo la gente con más dinero eran más propensos a responder en favor de su propio interés.

Obviamente es un estudio con varios experimentos no necesariamente demasiado significativos, así que es complicado decir hasta que punto los resultados son viables. Los números cuadran, pero es difícil decir si son replicables, o si el comportamiento observado está midiendo egoismo o simple racionalidad instrumental. Aún así, es fascinante pararse a pensar sobre si este estudio, de ser cierto, indica cierta realidad sociológica o de actitudes entre la gente de renta alta en la región de Estados Unidos donde se hizo el estudio («soy rico y estoy por encima del bien y del mal») o incluye una cierta causalidad de forma implícita. Es decir, un persona no se convierte en un cabrón desalmado cuando conduce un BMW, sino que ser un cabrón desalmado hace que sea más probable que ganes suficiente dinero para comprarte un BMW. Si uno quiere ser alguien en la vida no basta con ser brillante, también tiene que ser un poco más egoísta que la media.

Cosa que me lleva al siguiente punto: ¿no es eso una obviedad? La gente más competitiva es obviamente un poco más egoísta. Es cosa de pura racionalidad instrumental. Es un artículo curioso, y el diseño de investigación es como mínimo intrigante, pero no sé si podemos sacar demasiadas conclusiones. ¿Opiniones?

Fuente: https://politikon.es

Rocas espaciales…

Un año más han llegado las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo para llenar nuestros cielos de estrellas fugaces. Históricamente a las lluvias de estrellas se les ha dotado de un halo romántico, de mitos y leyendas que mezclan la ciencia y la cultura popular. Pero, analizándolas desde un punto de vista más objetivo y rompiendo un poco la magia que las rodea, las estrellas fugaces no son más que partículas que chocan contra nuestra atmósfera y se incineran. ¿Sabéis cómo se denomina a esas partículas? Veamos la siguiente infografía:

Asteroides

Aquí vamos a encontrarnos con un objeto rocoso, carbonáceo o metálico que presenta un tamaño menor al de un planeta (entre 1000 km y decenas de metros). En el sistema solar, la mayoría de ellos proceden del conocido como cinturón de asteroides, entre Marte y Júpiter y orbitan alrededor del sol en órbitas inferiores a las de Neptuno.

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¿Por qué se quieren las personas?

Seguro que en más de una ocasión nos hemos preguntado cómo gustar a alguien; qué nos hace atractivos a ojos de otros. La psicología social es la disciplina que nace del estudio de los pensamientos y comportamientos de las personas, fruto de su interacción con otros; es decir, la que estudia cómo respondemos a lo que otro individuo hace. Dentro de este marco, encontramos las interacciones sociales que se dan en el desarrollo de una relación entre dos personas y los fundamentos que sustentan el éxito o fracaso de ese vínculo emocional.

Un clásico: los piropos

El gustar a los demás, demostró ser una preocupación mayúscula para muchas personas cuando el libro de Dale Carnegie, Cómo ganar amigos e influir a la gente se convirtió en uno de los mayores best-seller de la historia.

Para empezar de una forma sencilla: ¿cuál es el método más comúnmente utilizado cuando queremos gustar? La amabilidad. Cuando somos agradables con alguien, estamos expresando nuestro interés y conformidad para crear un vínculo satisfactorio, independientemente de su finalidad. Con tónica general, preferimos complicidad a competición y halagos a críticas. ¿Cuál es el motivo real que nos lleva a esta predisposición de rasgos considerados socialmente como positivos? La mayor recompensa con el menor esfuerzo.

Un elogio, a efectos prácticos, es una recompensa. Cuando se nos halaga se nos está diciendo que hacemos las cosas bien, se resaltan nuestras virtudes y esto actúa como un refuerzo positivo agradable, que nos invita a seguir por ese camino. Si nos hemos preparado para ir a una fiesta elegante y se nos felicita por nuestra apariencia, se nos recompensa por el esfuerzo y esto nos incita a repetir el proceso. Por el contrario, una crítica, tendría el efecto inverso.

Paralelamente, es este el motivo por el cual solemos juntarnos a personas afines a nosotros. La afinidad entre dos individuos aumenta la probabilidad de una reafirmación conductual mutua. Si tenemos el mismo punto de vista con respecto a un tema, es más probable que se nos recompense mediante halagos por nuestra opinión, que si nuestra postura es contraria a la del otro. Este halago actúa como un gesto de conformidad, de aceptación social, nos da la sensación de que tenemos razón y que hacemos bien en actuar como lo hacemos y el efecto gratificador resultante actúa como recompensa. Es por esto que muchas veces decimos lo que no pensamos para agradar o bien callamos si sabemos que, de no hacerlo, seremos objeto de críticas.

Sin embargo, existen excepciones respecto a esto. Harold Sigall realizó varias investigaciones en los años 70 sobre los efectos de la conversión de los individuos. Cuando un individuo se encuentra firmemente convencido de sus ideales, prefiere acercarse a individuos que discrepen con su forma de pensar. La satisfacción resultante de convertir a alguien que discrepe en alguien que coincida con sus ideas, supera cualquier posible animadversión a la postura contrario del otro.

Más no es mejor

Si ponemos por base lo anterior, lo lógico sería pensar que los piropos son herramientas imprescindibles para crear lazos afectivos, pero esto puede ser un arma de doble filo. Si no hacemos un uso eficiente y nos excedemos con los halagos, podríamos obtener un efecto contraproducente.

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Emigrante…

Han cerrado la pequeña tienda de fotocopias que había cerca de mi casa. Era un lugar curioso, que frecuenté bastante en mis primeros meses uruguayos, cuando para regularizar nuestra situación y convalidar el título precisábamos de toneladas de documentos. El propietario era un tipo bastante peculiar, ni joven ni viejo, callado y con una cierta querencia por todo lo británico. Así, la tienda estaba decorada con banderas de Inglaterra, fotografías del Big Ben y anuncios en inglés: todo bastante bizarro.

Un día, tras hacerme cinco copias del pasaporte, me dijo «ah, sos español» y, cuando me preparaba para la pregunta inevitable («¿Por qué Uruguay?«), me dijo que su abuelo también lo era así que, hasta cierto punto, éramos compatriotas. Como en este país lo extraordinario es conocer a alguien que no tenga antepasados que emigrasen desde España -o Galicia, para ser más exactos- no le dí mayor importancia. Mientras guardaba las hojas en una carpeta, le pregunte si sabía de dónde había venido su abuelo. «Del puerto de Ferrol, allá por el año 1936«. Sería bastante joven, entonces, le respondí. Si él tenía más o menos unos cuarenta años, su abuelo tendría que haber sido prácticamente un niño. «Si, si, el abuelo vino para acá con 13 o 14 años. Y vino solo, después de que mataran a su hermano y a su padre«.

Me quedé helado. Uruguay había vivido nuestra guerra civil de manera intensa, ya que la enorme colonia española se volcó, en general, con la República. Hubo centenares de comités de apoyo, se hicieron manifestaciones e incluso llegó a montarse una liga de fútbol con equipos llamados «Miaja C.F» o «Azaña». Un pequeño grupo de uruguayos fueron a España para combatir con el ejército republicano y cuando el ejército franquista ganó la guerra, la dictadura renunció a controlar las decenas de casas regionales españolas en Uruguay (en su mayoría abiertamente prodemocráticas) y procedió a fundar otras tantas ideológicamente afines. Por eso, hoy en día, existen dos centros asturianos -por poner un ejemplo- y, aunque el paso del tiempo y la avanzada edad de sus integrantes han hecho mucho por adormecer las tensiones, todavía sigue habiendo resquemores y heridas mal cerradas.

Sin embargo, a pesar del impacto de la guerra civil, no hubo un flujo considerable de refugiados españoles en Uruguay. La guerra coincidió con la dictadura de Gabriel Terra, cuyo gobierno reconoció el régimen franquista desde el minuto uno (a pesar de que este no tuvo empacho en fusilar al cónsul uruguayo en Palma de Mallorca) y, tras el colapso del Ejército Popular republicano, la inmensa mayoría de quienes pudieron escapar de la feroz represión aplicada por los vencedores eligieron México. Un día, por cierto, habría que hacerle un monumento en cada plaza al general Lázaro Cárdenas y al pueblo mexicano en general, que no tuvieron el menor problema en acoger a decenas de miles de personas y darles todas las facilidades posibles para que rehicieran sus vidas al otro lado del mar, pero esa es otra historia.

Así que la peripecia del abuelo del señor de la tienda de fotocopias era interesante. Dejé las cosas sobre el mostrador y le pedí que me contase con detalle la historia. «No sé mucho más«, se disculpó. «Déjeme preguntar a mis tíos y la semana que viene te cuento«. Le dí las gracias y, como suele ocurrir, me olvide totalmente del asunto. Pasó un mes y, cuando volví a entrar en la tienda, el señor de las fotocopias me recibió con una sonrisa. «Tengo la historia«, me dijo. «Si tenés cinco minutos, te la cuento«. Me costó un poco darme cuenta de a qué se refería, pero entonces añadió algo que captó inmediatamente mi atención: «A mi abuelo le salvaron la vida unos marineros anarquistas ingleses«. Me apoyé contra el mostrador y él empezó a contar una historia alucinante que transcribo aquí tal y como él me la relató:

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«No sé mucho de mi familia. Mi abuelo vino sin nada y pasó mucho tiempo sin que hablase de su historia. Lo que he hecho ha sido como armar un rompecabezas: su papá y su hermano mayor trabajaban en el puerto o en los astilleros, probablemente como estibadores o algo parecido. Su madre, mi bisabuela, debió morir al poco de nacer mi abuelo. Eran militantes del sindicato anarquista (la CNT) y, al menos mi bisabuelo, era bastante activo políticamente, en una época de bastante tensión, con muchas huelgas y enfrentamientos con la policía. Cuando estalló la sublevación la represión fue muy grande. Ferrol tenía una masa de trabajadores portuarios, entre ellos mi bisabuelo y su hijo mayor y el ejército fusiló a mucha gente. A mi abuelo lo detuvieron en su casa. Tenía 13 o 14 años y se lo llevaron junto a su hermano mayor, que tendría 17 0 18. Su padre, mi bisabuelo, había desaparecido el día anterior: parece que fue el mismo día de la sublevación, fue al puerto a organizar la huelga revolucionaria que, durante tres o cuatro días, tuvo a los militares en jaque  y no lo volvieron a ver. 

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Tasa vs tarifa…

La tasa (tributo) obliga a que no se cobre más que el coste de la prestación del servicio, mientras que una tarifa (precio privado) puede subir sin más límite que el que imponga la administración adjudicataria en caso de privatización o de concesión.

Así, cuando los servicios públicos están privatizados, o se efectúan a través de una empresa mixta público-privada, el precio de este recibo ya no está sujeto a las restricciones propias de las tasas. La mitad de los abastecimientos de agua están gestionados en España por empresas privadas, que en su mayoría están controladas por Agbar, FCC y Acciona, según Ecologistas en Acción. El proceso se aceleró durante la crisis económica como forma de obtener fondos, aunque después se ha revertido en ciudades como Valladolid, donde este servicio se remunicipalizó. En Madrid se intentó privatizar el Canal de Isabel II, pero el proceso se frenó, en medio de escándalos y casos de corrupción.

Fuente: www.eldiario.es

Planchar la ropa…

La historia demuestra que planchamos desde antiguo: hace 2.400 años los griegos ya planchaban usando un cilindro de metal caliente. Dos mil años atrás, los chinos planchaban con sartenes llenas de brasas de carbón. Hace mil años los vikingos planchaban con una pieza de hierro caliente en forma de seta. Ya en el siglo XVII se empezaron a utilizar planchas de hierro que se calentaban en las brasas con una forma en delta similar a las actuales. Un siglo después se desarrollaron planchas que tenían brasas de carbón en su interior. La plancha eléctrica se inventó en 1882. Sorprendentemente, la historia apenas habla de las causas por las que planchamos la ropa. Hoy en día se nos han olvidado por completo.

Sin embargo, planchamos para resolver un problema terrible que produjo millones de muertos a lo largo de nuestra historia. Un problema de vida o muerte que nos dejó un recuerdo tan intenso en la memoria colectiva, que a día de hoy todavía seguimos planchando. Aunque el problema dejó de afectarnos hace más de 70 años, la inmensa mayoría de la gente que hoy en día plancha la ropa jamás ha oído hablar del mismo.

Fue un problema de salud pública. En concreto se planchaba para prevenir tres horribles enfermedades infecciosas que mataron a millones de personas. En su tiempo solo nombrarlas provocaba terror: el tifus, la fiebre de las trincheras y la fiebre recurrente epidémica. Aunque hoy en día estas tres enfermedades no nos preocupan (en buena medida gracias a que planchamos la ropa), sus consecuencias en la historia de la humanidad han sido tremendas: muchos epidemiólogos estiman que el tifus, la fiebre de las trincheras y la fiebre recurrente epidémica le han costado a la humanidad más muertes que todas las guerras juntas.

Pero ¿cómo es posible que el planchar la ropa pueda prevenir estas plagas?

La razón se encuentra en el vector común de estas 3 enfermedades: el piojo del cuerpo (Pediculus humanus humanus). Se trata de un parásito que necesita de la ropa para vivir. En ella viven adultos, ninfas y liendres (huevos). El piojo entra en contacto con el cuerpo humano para alimentarse, causando mucho prurito en la picadura. Al rascarse, las heces del parásito entran en la herida. Es en estas heces donde están las bacterias que provocan la enfermedad.

A veces se producen grandes infestaciones de estos piojos en zonas donde viven personas con menos recursos, lugares poco higiénicos con grandes concentraciones de gente. Así, en campos de refugiados, cárceles de países poco desarrollados y albergues de vagabundos pueden darse casos de infestaciones masivas. De hecho, la infestación con este parásito también recibe el nombre de “enfermedad del vagabundo”.

Es probable que los griegos y los chinos ya comprobasen que planchar la ropa eliminaba a los piojos del cuerpo. Pero no fue hasta la Guerra de Secesión Norteamericana, cuando algunos médicos y enfermeras dejaron registro de sus observaciones sobre como el planchar los uniformes mataba a los piojos e inactivaba sus huevos. Empezaron a recomendar a los soldados que plancharan frecuentemente su ropa -sobretodo en las zonas de costuras- para eliminar el parásito. Con ello previnieron el tifus.

No fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando el efecto del planchado se estudió rigurosamente. Varios estudios científicos en los dos bandos demostraron que planchar la ropa era el mejor medio de evitar los piojos que transmitían tan terribles enfermedades. Hervir la ropa también era muy eficaz. Las enfermeras desarrollaron una importante labor didáctica en este sentido y la práctica del planchado se generalizó.

Fuente: www.tendencias21.net

Efecto halo…

El efecto halo consiste en un error asociado a la existencia de escasos datos y elevada incertidumbre en la emisión de un juicio sobre circunstancias o personas, que conlleva afirmaciones exageradas o irreales sobre destrezas, capacidades o atributos de una persona o de una cierta circunstancia.

Se ha encontrado que el atractivo físico es la variable que más evoca el efecto halo. El atractivo físico da a las personas una información medible sobre el efecto halo, y son algunas características del atractivo físico las que mejor evocan este efecto. Por ejemplo, alguien que es percibido como atractivo, debido a una parte de sus rasgos físicos, también será percibido en gran medida como generoso o inteligente.

En la personalidad

En un estudio realizado por Dion y Berscheid en 1972, reclutaron a 60 estudiantes de la universidad de Minnesota, la mitad hombres y la mitad mujeres. A cada uno de los sujetos se le mostró 3 fotos: una persona claramente atractiva, una persona media, y una persona con poco atractivo.

Los estudiantes juzgaron cada foto señalando entre 27 rasgos de personalidad (incluyendo altruismo, asertividad, estabilidad, empatía, confianza, honestidad, extroversión, bondad, y promiscuidad). También se les pidió que dijeran la media de felicidad que cada persona de las fotos tenía en el resto de áreas de su vida, y el estatus socioeconómico.

Los resultados mostraron que la mayoría de estudiantes juzgaron a la persona atractiva con rasgos exageradamente positivos y escogieron los rasgos de personalidad más deseables que al resto de fotos. Consideraron que las personas atractivas son más felices, tienen mejores familias, mejor estatus social y económico comparado con las poco atractivas.

Nivel de estudios e inteligencia

En un estudio llevado a cabo por Landy y Sigall en 1974 mostraron a un grupo de estudiantes un texto muy mal escrito. Se les mostró la foto de una mujer y se les dijo que es la autora de los textos. Entonces se les pidió que evaluaran la calidad del texto en una escala del 1 al 9.

Cuando la foto era de una mujer atractiva, la nota media fue de 5,2 mientras que cuando la mujer no era atractiva la nota media fue de 2,7. Se usó una foto neutral y la nota media fue de 4,7.

Efecto en juicios

En un estudio llevado a cabo en 1974 Efran encontró que las personas más atractivas son sentenciadas a condenas más pequeñas que las personas poco atractivas, incluso cuando habían cometido exactamente el mismo crimen.

También observó que el atractivo físico influye en la creencia de que la persona que es atractiva tiene más posibilidades de reinserción en el futuro.

En otro estudio llevado a cabo por Monahan en 1941 se presentó a un grupo de personas fotos de criminales reales y tenían que juzgar si habían cometido un crimen o no. Las personas que participaron en el estudio encontraban difícil creer que las más atractivas hubiesen cometido algún crimen.

Diferencias de género

El investigador Kaplan también estudió las diferencias que existen en el efecto halo mediante esta variable.

En concreto, las mujeres son influenciadas por el efecto halo solo cuando se les presenta a personas del género opuesto. Pero cuando se les presenta a personas del mismo sexo, tienden a evaluar negativamente el atractivo. Cuanto más atractiva es la mujer, mayores sentimientos de celos generaban.

Fuente: https://es.wikipedia.org

Sanfermines de 1978…

En los Sanfermines de 1978, el 8 de julio de 1978 en Pamplona (España), tras el despliegue de una pancarta en favor de la amnistía total, la Policía Armada intervino dejando más de 150 heridos y un estudiante muerto por un tiro en la frente. Esta intervención llevó una huelga general en Navarra y protestas que se extendieron por Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y el resto de Navarra. Estos sucesos nunca fueron juzgados.

Posteriormente se contabilizaron más de 150 heridos, de ellos once con heridas de bala. Según Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior en aquel momento, solo en seis horas y en la zona del centro de Pamplona se hicieron 7000 disparos de material antidisturbios y 130 disparos de bala.3

El grado de violencia empleado quedó reflejado en las órdenes que se daban desde la central a los policías por radio, y que fueron grabadas:

«Preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías y lo más fuerte que podáis.»

«No os importe matar.»

La Primera de TVE, que retransmitía la corrida en directo por televisión, emitió las imágenes de los incidentes en directo para toda la nación desde la plaza de toros. Sin embargo, misteriosamente esas imágenes desaparecieron y a día de hoy no constan en sus archivos.

Fuente: www.youtube.com

Pablo Iglesias…

Querido Pablo Iglesias:

Soy un cura de pueblo que lleva tiempo conteniendo unas líneas sobre la deriva de Podemos en los últimos años, por no querer violentar la reflexión electoralista, pero que hoy quiere hablarte desde la gran decepción acumulada por las formas de tu partido hasta hoy. Si arriesgado es decir que Podemos surgió de los esfuerzos del 15-M, más ingenuo es pensar que ha representado al movimiento del “no nos representan”, si la irrupción en las europeas de 2014 provocó la dimisión del hoy fallecido Rubalcaba, y del propio rey, que debe su puesto a la traición del PSOE a la República, hoy es incontestable que Pedro Sánchez es el referente de toda la socialdemocracia en Europa, y que Felipe VI se encuentra tranquilo por el poco alcance que le queda a un partido que vino a asaltar los cielos.

¿Qué ha ocurrido? En 2014 se prometía cambiar el sistema y acabar con la casta, en 2015 el sistema era demasiado y ya solo importaba quitar al régimen surgido del 78; en 2016 el reto pasó a ser la superación del PSOE y capitanear a la izquierda, desde 2017 los motivos fueron echar al PP de las instituciones y unirse al PSOE para hacerlo y, en las últimas convocatorias, frenar a la ultraderecha, algo que el PSOE bien podía haber firmado. Como el cambio del PSOE de 1977 a 1989, Podemos envejeció su discurso, abarató sus aspiraciones, se convirtió en vieja política sin pasar por Moncloa y acabó mendigando al mismo PSOE que vino a superar un pequeño puesto de poder desde el que hacer un poco más de lo que va a hacer un PSOE que se niega a quitar la reforma laboral, exigir el rescate, cambiar el 135, cuestionar la monarquía, nacionalizar empresas estratégicas, intervenir la economía o frenar un solo desahucio. A todo ello ha ayudado el llevar a un militar favorable a la OTAN o a un guardia civil en las filas, lo que ha evitado el ridículo de decir “OTAN no, bases fuera” y luego retractarse, o ha impedido a la formación exigir explicaciones de los quince asesinados en el Tarajal a manos del grupo paramilitar policial.

Lo que era un partido asambleario y participativo dejó de ser una polifonía para convertirse en una única voz que debe ser repetida por todos sus integrantes; lo que comenzó pidiendo un cambio de sistema y luego se quedaba con un cambio de régimen, ha terminado aceptando al sistema y al régimen para contentarse con un poco más de las migajas que el poder da a las clases populares. Para tener a un PSOE ya teníamos al PSOE, para imitar a Izquierda Unida, ya teníamos a Izquierda Unida, y para promesas que no se cumplen, ya teníamos antes muchos partidos, sin necesidad de otro. El activismo y las calles en lucha dieron paso a los círculos, que dieron paso a los órganos de dirección, que terminaron en una suerte de activismo virtual basado en dar likes en Facebook y RT en Twitter a todo lo que dice el líder, incuestionable, una vez que se ha contradicho incluso a sí mismo con una casa que la gente común no se puede permitir. Ya sé que los obispos predican a un Jesús que exigía la pobreza para seguirlo, y lo hacen desde sus palacios episcopales, pero eso no cambia el motivo de mi misiva, solo explica por qué la iglesia hoy pierde adhesiones como ha perdido tu partido.

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Test de audición…

Los humanos disponemos de un sistema completo de telecomunicaciones basado en ondas, muy potente y sofisticado. Lo llevamos integrado y aprendemos a usarlo desde muy pequeños. Se trata del habla, de la comunicación oral. Dominamos sus formas de modulación y demodulación, pero en absoluto somos conscientes de que estamos utilizando ondas. Ondas que transmiten variaciones de presión. Sonido.

Características físicas del sonido

Si en un punto tiene lugar una perturbación en la presión de un medio, las partículas (átomos o moléculas) que se ven directamente afectadas interaccionan con las partículas que las rodean (las empujan, tiran de ellas, etc). Estas partículas hacen otro tanto con las que están un poco más lejos de aquel punto inicial, y ésas con las siguientes… y así sucesivamente. De este modo se produce ese efecto de propagación de energía en todas direcciones. Se dice que el sonido es una onda longitudinal porque las partículas del medio que atraviesa vibran hacia adelante y hacia atrás en el sentido de la propagación, como se ve en la animación siguiente:

Como sabrás, el sonido no sólo se propaga a través del aire, sino también a través de cualquier medio sólido, líquido o gaseoso: las paredes de tu casa, el agua, la mermelada, la atmósfera de cualquier otro planeta, etc. En cambio, a pesar de lo que muestran muchas películas, el sonido no se propaga por el espacio vacío, porque ahí no hay partículas que puedan vibran y afectar con ello a otras partículas.

Por esto de requerir un medio material para propagarse, se dice que el sonido es, además de una onda longitudinal, una onda mecánica. No hay que confundir las audiofrecuencias con las radiofrecuencias. Las audiofrecuencias son ondas mecánicas (por consiguiente, no se pueden propagar en el vacío, es decir, no tienen capacidad radiante), mientras que las radiofrecuencias son ondas electromagnéticas (por tanto, con capacidad radiante). 

Por otra parte, también te sonará que la velocidad de propagación del sonido depende del medio en cuestión. Como es el propio medio el que oscila con la onda, cuanto más denso y rígido sea (esto es, cuanto más apretados estén los átomos y las moléculas que lo componen), mayor velocidad. Así, el sonido viaja a través del aire a una velocidad en torno a los 340 m/s (1224 km/h), mientras que en el agua y el hierro se propaga 4 y 15 veces más rápido, respectivamente. Como los humanos hemos evolucionado fuera del agua, nuestros órganos de emisión y recepción de ondas sonoras se desarrollaron para funcionar bien dentro del aire, y está todo ajustado para aquellos 340 m/s. Fuera del aire ya cambia la cosa. Sin ir más lejos, dentro del agua oímos bastante mal y casi es mejor no intentar hablar.

Esto nos lleva al punto crucial de esta entrada: que la percepción humana tiene límites. Hay ondas que no podemos percibir… y que sin embargo existen y podemos aprovechar. Pero antes de hablar de esas ondas, conviene entender cómo funciona nuestro oído.

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