Treinta y todos…

Un viernes estas dando tu primer beso en un botellón, entre licor 43, vino Don Simón y tecno italiano noventero y al viernes siguiente estás viendo una película antigua, con un omeprazol y un Enantium para calmar el dolor de espalda.

Los signos son cada año más evidentes. Odias más las Navidades, le coges el gusto a eso de estar solo, las resacas son cada vez peores y esa media hora antes de dormir, cuando lees un libro, suele ser, cada vez más, el mejor momento de lunes a jueves. Los amigos se van quedando calvos y tienen hijos. Las amigas hablan cada vez más de guarderías y cada vez menos de sexo. Te da una pereza terrible entrar a sitios donde no pongan música decente (aunque eso es algo con lo que siempre he tenido que bregar), el fútbol se convierte en una inercia cada vez más tenue y ya no pasa nada si te pierdes un partido, o dos, o veinte. Aborreces los fenómenos culturales juveniles, te asombras de las pintas que llevan los adolescentes y escuchas cada vez más música vieja y cada vez menos música nueva. Cuando vas a comprar ropa te sorprendes a ti mismo buscando la comodidad antes que la moda. La vergüenza ajena se incrementa, la vergüenza propia se atenúa. Y mientras te muestras más en guerra que nunca contra la mierda de mundo en el que vivimos, haces, por fin, las paces contigo mismo. Y hasta con tus padres.

Puede que a muchos les parezca terrible todo lo que digo, pero a mi me parece maravilloso. Hace ya muchos años que no me despierto pensando: «¿qué estás haciendo con tu vida?». Y no porque ahora lo tenga claro, sino porque ya sé que la vida tiene sentido porque precisamente no lo tiene. Y ese limbo existencial, lejos de aterrarme me parece tan confortable y entrañable como una cabaña de madera con una chimenea encendida en mitad de una ventisca polar y tan prometedor y seductor como el beso que dí aquella noche, entre Licor 43 y Vino Don Simón.

Fuente: www.meneame.net

Cuantificando el «paro»…

La primera cuestión es la composición demográfica del mercado laboral, porque algunos creen que una reducción del paro implica creación de empleo y al contrario, cuando no tiene por qué ser así.

Toda la población española a 1 de enero de 2022 es de más de 47 millones de personas (INE 2022). De aquí hay que diferenciar a los menores de 16 años porque no pueden trabajar, que son algo más de 7 millones de personas. El resto de la población se divide en dos grupos: población inactiva, que son quienes no trabajan ni buscan trabajo, como pensionistas, estudiantes o encargados de tareas domésticas, por ejemplo; y población activa, que son quienes trabajan o buscan trabajo.

En el tercer trimestre de 2022 las personas empleadas superaban los 20 millones y medio de personas, mientras que los que buscaban trabajo no llegaban a los 3 millones. Pues bien, cuando el número de parados desciende, puede ser porque pasen a trabajar, al grupo de ocupados, o porque pasen al grupo de inactivos, ya sea porque se han jubilado o porque han dejado de buscar empleo por algún motivo. Y, al contrario, cuando el número de parados aumenta, puede ser porque vengan de un empleo, es decir, porque han sido despedidos, o porque vengan del grupo de inactivos, es decir, porque antes no buscaban empleo pero ahora sí, ya sea porque tienen más esperanzas de encontrar uno o por cualquier otro motivo. También hay que tener en cuenta que cualquiera de esas personas podría salir de los datos si falleciesen o emigrasen a otros países.

Todo esto es algo que desgraciadamente se le escapa a mucha gente, por lo que acaban cometiendo errores de bulto, como creer que un descenso del paro es algo puramente positivo, cuando podría ser que la gente ha perdido la esperanza de encontrar un puesto de trabajo o simplemente porque hay más fallecimientos. Pero nosotros evitaremos esos errores y tendremos más fácil analizar los datos de paro y de empleo.

La segunda cuestión que hay que aclarar es que hay varias fuentes de datos e indicadores sobre paro y empleo que son muy diferentes entre sí pero hay quienes las utilizan de forma indistinta como si fueran comparables. Las más importantes son:

  • Servicio Público de Empleo Estatal: es un registro mensual de las personas que están apuntadas en el servicio porque básicamente están buscando un empleo. También hay un registro de los nuevos contratos registrados cada mes, que no debemos confundir con número de personas trabajando.
  • Cotizantes en la Seguridad Social: es un registro de las personas dadas de alta en la Seguridad Social, por lo que nos habla de cuántas personas están trabajando y cotizando, y se publica también cada mes.
  • Encuesta de Población Activa (INE): no es un registro, sino que es una encuesta que se realiza a la gente para conocer su situación laboral, y se publica cada 3 meses. Esta última es la fuente de datos considerada más fiable y precisa de todas porque las otras tienen ciertas limitaciones.

La lista del paro sólo te habla de la gente desempleada, no del empleo ni de nada más, y además sólo de los parados que están inscritos en ella; podría haber personas que no se apuntaran a esa lista porque les diese pereza o porque no creyesen que van a encontrar de esa forma un empleo, por lo que no aparecerían en los datos; además, a la hora de calcular la tasa de paro deja fuera a determinados demandantes de empleo, como por ejemplo aquellos que buscan pluriempleo, los que buscan un empleo para menos de 3 meses o de menos de 20 horas a la semana, los que están en ERTE, los que quieren teletrabajar, etc. Pero esto ha sido así desde el año 1985 y precisamente se hizo para que fuese homogéneo a la contabilidad de la Comunidad Europea. La lista de nuevos contratos registrados de esta fuente de datos también tiene fuertes limitaciones, porque por ejemplo, pueden producirse muchísimos contratos de un solo día, y eso nos puede hacer pensar que se están contratando a muchas personas cuando solo se está contratando a la misma varias veces en el mismo mes.

La afiliación de la Seguridad Social sólo te habla del número de trabajadores, no del paro ni de nada más, ni siquiera del número de horas trabajadas, y sólo de las que tienen contrato, así que podría haber personas que estuviesen trabajando en negro y no aparecerían en los datos.

La Encuesta del INE te habla de todo: de personas trabajando, de horas trabajadas, de personas que buscan trabajo, de personas que trabajan a tiempo parcial pero que querrían hacerlo más… prácticamente su única limitación es que se publica cada tres meses, por lo que no nos va dando una imagen actualizada cada mes del mercado laboral.

Fuente: https://laboro-spain.blogspot.com

Burj Al Babas…

Los lugares abandonados siempre tienen un aire inquietante y a la vez hipnotizador. Y uno de los ejemplos más claros lo encontramos en Burj Al Babas, Turquía. Esta colección de castillos en miniatura, a medio terminar y abandonados, con un diseño inspirado en edificaciones francesas y turcas y con estética de cuento de hadas. El efecto final: unas imágenes que podrían parecer sacadas de una película de Disney si no fuera por sus calles desiertas y aire melancólico y solitario de una ambiciosa idea que nunca llegó a completarse.

Como pasa con casi todos los pueblos fantasma, Burj Al Babas se empezó a construir con un objetivo muy diferente. Los 587 castillos que llegaron a levantarse como parte de este proyecto, y que nunca se destruyeron, iban a ser residencias de lujo para quien desease tener su propio palacete con vistas a los frondosos bosques de la zona. El proyecto original tenía planeados 700 castillos, cada uno de los cuales costaría entre 400.000 y 500.000€, y ofrecía la posibilidad de disfrutar del clima mediterráneo en medio de la opulencia y extravagancia de esas terrazas de estilo gótico sobre preciosos jardines entre tejados cónicos de pizarra.

A esta imagen idílica y lujosa se unía una ubicación excelente, junto a la ciudad de Mudurnu, muy famosa por sus termas romanas. Además, cada palacete iba a tener un jacuzzi en cada planta, suelo radiante, jardín con piscina propia y todos los servicios que se pudieran soñar al alcance de la mano. La idea de la constructora era edificar también un centro comercial, restaurantes, spas y baños turcos y hasta un campo de golf para sus adinerados habitantes. Pero cuando empezaron a construir, en 2014, no pudieron anticipar que tendrían que declararse en bancarrota antes de que concluyera en proyecto, que tenía una duración prevista de cuatro años. Ya se habían reservado más de 300 de los castillos cuando esto ocurrió.

Una combinación de factores terminó por llevar este proyecto a su fin de forma prematura. Al empezar a construirse, la obra empezó a suscitar críticas por parte de los habitantes de la zona, que no entendían que se edificase algo sin coherencia estética con nada que hubiera en sus alrededores y que contrastara tanto con las mansiones otomanas históricas. Las prácticas empresariales en lo referente a la consciencia medioambiental también atrajeron la atención de los medios, ya que la sostenibilidad de un proyecto que despejaría grandes áreas de bosque era, como poco, dudosa. Todo esto, sumado a la situación económica de Turquía, acabó por dejar a la empresa con una deuda de casi veintisiete millones de euros que obligó a detener la construcción.

Fuentes:

Amigos…

Los grandes amigos se hacen antes de cumplir los treinta años. El secreto está en aburrirse. Eso dicen los estudiosos del tema, porque de todo hay estudiosos: la amistad necesita que los sujetos estén ahí sin nada que hacer.

Después de los treinta te entran prisas y eliges amigos para «hacer cosas». Os veis con motivos, que es una cosa horrible. Una vieja amiga lo lleva al extremo y tiene a sus conocidos etiquetados por funcionalidades: tiene amigos para salir, amigos para el gimnasio, amigos para cuando tiene novio y para cuando está soltera, para cuando quiere ir al teatro, para pedirles consejo, reírles las gracias o hablarles por WhatsApp.

Si eres padre la cosa es aún peor: con tus nuevos amigos solo tienes en común el tamaño de vuestros hijos.

No era así con tus primeras amistades. Para empezar, compartíais tamaño vosotros mismos. Y desde luego no quedabais para «hacer cosas», sino al revés: primero quedabais y luego decidíais qué hacer. Con mis amigos hubo noches que hasta salimos.

La amistad se abona con aburrimiento. Se nutre de estar con la tele puesta. Viendo nada. De domingos en el parque, en un banco maltrecho, o en la casa donde nunca había padres. Horas mascando pipas. Sentado en un bordillo con un amigo nos invadieron los alienígenas y él ni se inmutó —yo reconozco que me extrañé–. ¿Qué hacemos? No sé. Las amistades se tejen en tardes que se expanden, cuando no sabes que luego la vida se te escurrirá entre los dedos.

Otra cosa asombrosa de tus viejos amigos es que no se te parecen. Ahora con tus amistades compartes intereses y hasta temperamento. Con tus amigos del instituto solo compartías espacio-tiempo: estaban ahí en tu clase.

Además, van cambiando. Es divertido mirar a tus amigos en sus mundos nuevos porque parecen otras personas. Un amigo inseguro es ahora el rey de ciertas fiestas. A ti, que lo conociste tímido, te parece impostado. Pero ¿cuál de los dos es más real?

Os conocisteis a medio hacer. Mis amigos no siempre son los maridos, padres y contribuyentes que yo hubiese dicho.

Por supuesto, tú has cambiado tanto como ellos en estos años.  Por eso los amigos de la infancia actúan como cápsulas del tiempo, que es otra de sus grandes virtudes. ¿Os acordáis de esos contenedores de acero donde los niños de 1965 enterraron discos, fotografías, anuarios, cartas de amor y mensajes al futuro? Reunirte con tus amigos es abrir esa cápsula. Es un viaje a los noventa, como no tener móvil, llamar a una chica y tener que hablar con su padre para que se ponga.

Tus amigos te conectan con tu infancia. En cierto modo te dan continuidad. Con ellos dejas de ser quien eres ahora y te conviertes en una versión fluida de ti mismo, un poco niño, un poco adolescente. Tienen también algo de multiverso: verlos te asoma a otras vidas que desechaste o te fueron negadas. Puedes pensar en la versión de ti que no salió del pueblo, la que se casó joven o la que decidió vivir en Australia. En un mundo que debilita las familias y donde pocas parejas duran para siempre, las amistades permanecen.

¿Qué te une a tus amigos? Os une la nostalgia (todas esas historias vuestras que os encantan) y os unen ciertas risas (de un tipo especial que, como un fractal, parecen contener todas las veces que os habéis reído juntos). Os une el orgullo de hacer tuyos sus éxitos; y conoceros muy bien sin pretenderlo. Pero sobre todo os une un compromiso. Os hicisteis amigos de niños y sin motivo. Estabas ahí en su clase, en su calle o en su bloque. Es un compromiso absurdo. Quizás lo explica todo. Yo soy un pésimo amigo, especialmente de mis viejos amigos, pero a ellos no parece importarles.

Fuente: www.jotdown.es

¿Cómo te gustaría ser recordado?

«Ni me preocupa. Nos creemos que somos importantes. No somos ni un grano de arena en la magnitud del universo. El hombre es un bichito vanidoso… los monumentos más espectaculares los humanos los han hecho intentando sobrevivir…. esos monumentos como son las pirámides para hacerle la tumba a un tipo… es porque amamos la vida y queremos escapar… a preguntas que no tienen respuesta.»

Fuente: www.youtube.com

Direcciones japonesas…

Los nombres de las calles no están señalizados (Kioto y Sapporo son excepciones a esta regla). Esto lo diferencia bastante de los países occidentales y hace que tengamos que aprender a leer las calles japonesas de un modo distinto. Una dirección japonesa siempre empieza por el código postal, seguido del punto geográfico más amplio y terminado con el punto geográfico más específico, es decir, el número de apartamento o de habitación.

Cuando escribimos una dirección en rōmaji (el alfabeto latino), el orden de escritura se invierte respecto a cuando escribes con caracteres japoneses. Es decir, empiezas por el número del apartamento o con el nombre del edificio y terminas con el nombre de la prefectura y el código postal. Cuando introduzcas una dirección japonesa en Google Maps, debes escribirla en este orden.

Por ejemplo, esta sería la forma de escribir una dirección en rōmaji y con caracteres japoneses:

  • Rōmaji:  3-13-3 3F Seiwa Ikebukuro building, Higashi-Ikebukuro, Toshima-ku, Tokyo-to 170-0013
  • Kanji: 〒170-0013 東京都豊島区東池袋3-13-3 星和池袋ビル 3階

 

1. Código postal

〒170-0013
Este es el código postal. 〒 es el símbolo de la oficina de correos japonesa. En Japón, los códigos postales se componen de siete dígitos y siguen la estructura NNN-NNNN.

 

2. Prefecturas

Japón está dividido en 47 prefecturas (県, ken), y esta es la parte que viene después del código postal. Normalmente se pronuncia y se escribe 県 (ken), como la prefectura de Tochigi: 栃木県 (Tochigi-ken).

 

3. Municipio (ciudad/barrio/condado)

Lo siguiente es la ciudad (市, shi), el barrio (区, ku) o el condado (郡, gun).

Al nombre de la ciudad le sigue el sufijo (市), como a la ciudad de Yokohama (横浜市, Yokohama-shi).

Las ciudades más grandes también se pueden dividir en pequeñas secciones que son llamadas barrios. Tokio está dividido en 23 barrios especiales (特別区, tokubetsu-ku), conocidos simplemente como barrios (区, ku), como por ejemplo el barrio de Shinjuku (新宿区, Shinjuku-ku).

A las áreas más pequeñas y menos pobladas se las llama condados o distritos (郡, gun). Los condados son más comunes en las zonas rurales de Japón, como el distrito de Gunma (群馬郡, Gunma-gun), ubicado en la prefectura de Gunma.

 

4. Ciudad pequeña/pueblo 

Muchas direcciones en Japón también se dividen en zonas geográficas más pequeñas: ciudades pequeñas (町, machi/chō) y pueblos (村, mura/son). Sakuragi-chō (桜木町), en Yokohama, es un buen ejemplo de ciudad pequeña.

Por ejemplo, la primera parte de la dirección de la estación de Sakuragi-chō es la siguiente: 神奈川県横浜市中区桜木町. Lo que se traduce como: prefectura de Kanagawa, ciudad de Yokohama, barrio de Naka, ciudad pequeña de Sakuragi.

 

5. El distrito de la ciudad

Las ciudades japonesas están también divididas en distritos de la ciudad (丁目, chōme). Estos se asignan normalmente basándose en su cercanía con el centro de la ciudad. Cuando lees una dirección en japonés, a chōme siempre le sigue un número: por ejemplo, 3丁目 (sanchōme), o el tercer distrito de la ciudad.

 

6. La barriada o manzana de la ciudad 

Al distrito de la ciudad le sigue el número de la barriada o manzana en la que se encuentra (番地, banchi). Al igual que al chōme, al banchi también le precede un número. Las barriadas normalmente tienen una forma muy irregular y están muy dispersas. Esto se debe a que están numeradas según el orden en las que fueron registradas.

 

7. El número de domicilio 

Las casas y los edificios se ordenan con el número de domicilio (号, ). El orden de los números depende de cuándo fue construida la casa, con lo cual los números no tienen por qué seguir un orden lineal. Los gō también pueden seguir el sentido de las agujas del reloj.

Estas tres partes (distrito, barriada y número de domicilio) también pueden escribirse solamente con números, como esto: 3丁目-3-13, en lugar de 3丁目3番地13号. Esto se leería como tercer distrito de la ciudad, tercera manzana, domicilio número 13.

 

8. Nombre y número del inmueble 

Si la casa o el edificio tiene nombre, este se pondrá a veces después del número de domicilio.

Por ejemplo, el Ichiran Ramen de Shibuya se encuentra en 東京都渋谷区神南1丁目22−7 岩本ビルB1F (Tokyo-to, Shibuya-shi, Jinnan, 1-chōme−22−7 岩本ビルB1F), lo que significa que está en la planta B1 del edificio Iwamoto.

Para los apartamentos, los números del domicilio (o el nombre del edificio) van seguidos de un número de apartamento. Normalmente se añaden después del número del distrito de la ciudad, la manzana y el número de domicilio. Por ejemplo, si alguna de las direcciones mencionadas fuera un apartamento con la dirección 3丁目-3-13-502, significaría que el número de apartamento es el 502.

Fuente: https://gogonihon.com

Coste de oportunidad…

El coste de oportunidad es mi modelo mental favorito. Tomar la decisión en función de la mejor alternativa disponible. Yo, que quería un Golf, decidí quedarme con el Dacia Sandero. Metí la diferencia al bitcoin porque me gusta el upside de las criptomonedas. Prefiero una wallet enterrada en el bosque antes que conducir con calefacción en los huevos. El coste de oportunidad incluye el largo plazo: estoy comprando un ticket para jubilarme a los 40. El Golf, en cambio, sufre depreciación desde el minuto 0. Añádele impuestos y gastos de mantenimiento. Y la preocupación por el rasguño que perturba mi sueño. Todos los coches cumplen la misma función: llevarte del punto A al punto B. Las diferencias marginales en diseño, equipamiento y seguridad no justifican los elevados precios. ¿Sabes qué reduce la accidentalidad? Circular siguiendo las normas. Un Dacia Sandero, sin climatizador, cura todas las gilipolleces. La autoestima sufre con un motor de 80 CV pero esa es buena medicina para lidiar con el tramposo ego. Presentarte a la reunión familiar con el coche más triste, señal inequívoca de inteligencia. Tu primo consultor te considera un perdedor. El mismo retrasado que financió un deportivo a 60 meses para conducirlo por carreteras con límite de 120. Salir de la competición por estatus, fijando tus propias reglas. Cómprate un utilitario rumano. No puedes perder si no juegas el juego.

La señalización es la trampa de la clase media. Esclavos de la novedad constante, en una felicidad con fecha de caducidad. Diferenciemos entre quien no llega final de mes porque no gana lo suficiente y quien no llega a final de mes porque es imbécil. Tú ingresas 4.000 netos. ¿Qué coño haces tirando de tarjeta? Los ricos de verdad, los que no se preocupan por el dinero, llevan un Mercedes de 1999. Sorpresa: no te ganaste su respeto comprando un coche a crédito. Regresa la España del Cayenne porque no hay lecciones en ciclo alcista. Esté preparado cuando llegue la crisis, no puedes permitírtelo si no puedes cubrir la pérdida. Tu vida cambia el día que entiendes que el ahorro compra independencia. El gasto (¡cualquier gasto!) pierde atractivo en el coste de oportunidad, ya nada es imprescindible, excepto tu libertad financiera. No quieres un descapotable que genera apego, solo quieres opcionalidad en un mercado incierto. El lujo, mal entendido, corrompe las almas de los pretendientes. El lujo no es lo que tú crees. El lujo no es un restaurante pretencioso. Ni tampoco un bolso de marca. Ni por supuesto un fin de semana en Baqueira. El lujo es más simple. El lujo es control de la agenda. El lujo es decir lo que piensas. El lujo es libertad de movimientos.

Fuente: https://joantubau.substack.com

8 años marcianos…

Inauguramos. Exactamente cinco años después el Curiosity comenzaba su andadura. Ha requerido 10 años para explorar «apenas» 30km. Irrelevante distancia descontextualizada. Todo un hito.

Hoy Raiden.tk cumple 8 años marcianos. Apenas 15 kilómetros más que el curioso homólogo marciano compartiendo en este infinito universo de «la intelné«. Y el generador termoeléctrico de radioisótopos continúa funcionando.

RX/TX.

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