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El conocimiento nos hace libres…

El ‘pizzo’…

El pizzo’ el impuesto de los clanes a los comerciantes, es la base histórica de la economía mafiosa y un abuso asumido, hasta que por primera vez alguien se ha rebelado en Palermo.

La película que se conoce sobre la Mafia es de 1906, muda, 10 minutos, se encuentra por Internet. Se llama The Black Hand, la mano negra, y verla es como observar por el microscopio la célula primigenia de un virus muy antiguo. La acción transcurre en Nueva York, donde se movían las primeras bandas mafiosas de inmigrantes italianos, que empezaban por lo mínimo en la escala del parásito: vivir de los demás mediante la extorsión. La víctima es un carnicero, también italiano, a quien sus despiadados compatriotas piden dinero con la amenaza de secuestrar a su hija. Cumplen lo anunciado, el hombre no paga, avisa a la policía y al final –¡atención, spoiler!–  todo acaba bien, salvan a la niña y arrestan a los malos. Hoy, 111 años después, en Sicilia las cosas siguen funcionando más o menos igual. Para la Mafia el pizzo, el impuesto que exigen a los comerciantes por su protección, es aún la base de la economía doméstica de los clanes. Basada en una cínica paradoja: “Págueme, que yo le protejo de mí mismo, de lo contrario no le puedo garantizar que no le queme el garito”. De toda la vida todos pagan y callan, es una técnica que se asienta en la intimidación personal, puerta a puerta. Siempre fue así, hasta que los mafiosos toparon con Libero Grassi.

Libero Grassi era un fabricante de pijamas de Palermo. Se llamaba Libero, libre, porque sus padres eran antifascistas y en 1924 le bautizaron así, como desafío. Nunca hubo mejor nombre ni más inspirado para quien un 10 de enero de 1991, justo hace ahora 26 años, publicó la siguiente carta en el Giornale di Sicilia: “Quería advertir a nuestro ignoto extorsionador que se ahorre las llamadas de tono amenazador y los gastos para la compra de mechas, bombas y proyectiles, porque no estamos dispuestos a dar contribuciones y nos hemos puesto bajo la protección de la policía”. Le habían pedido el pizzo y había dicho que no, pero es que encima lo contó en el periódico. Pasaron tres cosas: de inmediato se hizo famoso, casi enseguida se quedó solo y le asesinaron ocho meses después, el 29 de agosto.

“¿Pero está usted loco? ¡En Gela, por ejemplo, el 90% de los comerciantes paga el pizzo!”, le preguntaba asombrado el presentador de un programa de televisión. Al ver aquellas imágenes hoy, que también se encuentran por Internet, es imposible no conmoverse ante la entereza de uno de esos héroes cívicos italianos que salvan un país entero. El mismo presidente de la patronal siciliana le abroncó porque “los trapos sucios se lavan en casa” e incluso un juez de Catania absolvió en esas fechas a unos empresarios acusados de ceder a la extorsión, porque consideró que no era delito pagar por la “protección” de un capo mafioso. Si todo el mundo hiciera como Grassi, argumentó, miles de empresas sicilianas tendrían que cerrar. Este era el panorama, y no hace tanto. “No estoy loco”, replicó el humilde fabricante de pijamas, “no me gusta pagar porque es una renuncia a mi dignidad”. A veces no hacen falta tantas explicaciones para que las cosas estén claras.

El asesinato de Libero Grassi volvió a colocar el terror en su sitio y la vida siguió como siempre. Trece años después, en 2004, su viuda se sorprendió al ver unas pegatinas por las paredes de Palermo: “Un pueblo que paga el pizzo es un pueblo sin dignidad”. Fue muy comentado en la ciudad, y cuando le llamaron los periodistas dijo que no tenía ni idea de quién había sido, pero que si eran jóvenes los adoptaría como nietos suyos y de su difunto marido. Al día siguiente se presentaron en su casa un grupo de chavales y así nació Addiopizzo, una asociación contra el impuesto mafioso. Desde entonces, si uno va a Palermo y ve una tienda que exhibe su logo en la puerta, sabe que allí plantan cara a los mafiosos. Ya son más de 1.000. Pero aun así seguía siendo un desafío individual, de gente que se juega el tipo por su cuenta. Hasta que el pasado mes de mayo pasó algo insólito en el bullicioso mercado de Ballarò, uno de los más antiguos de Palermo. Fue noticia nacional: 10 tenderos en bloque denunciaron a los mafiosos que los extorsionaban, que fueron detenidos. Nunca en más de un siglo de historia de la Mafia se había producido una denuncia colectiva contra los matones del pizzo, nunca un grupo de comerciantes sicilianos se había rebelado ante los capos… y, de hecho, sigue sin ocurrir. Porque quien se resistió al pizzo fue un puñado de bengalíes, los inmigrantes de Bangladés del mercadillo del barrio.

Los bengalíes, hartos de chulos con pistola que entraban en sus tiendas y metían la mano en la caja, dieron una lección a los vecinos, atemorizados desde hace generaciones por una costumbre heredada, por el estado natural de las cosas. Fueron detenidos 10 mafiosos de la familia Rubino, entre ellos los cuatro hermanos con este apellido, cabezas del clan. Todos eran jóvenes, de veintitantos años, siguiendo la tradición. Pero lo que animó a los bengalíes a dar el paso fue lo que hizo antes un solo hombre. Se llama Yusupha Susso, tenía 22 años y es de Gambia. Se enfrentó a los abusos de la banda y uno de los capos le pegó un tiro en la cabeza. Sobrevivió.

El pasado 29 de agosto, como cada año, Davide y Alice, los hijos de Libero Grassi, rindieron homenaje a su padre y le recordaron con una pintada en el muro de debajo de su casa, donde le mataron. Escriben siempre la misma frase en la pared porque se han negado a que las autoridades coloquen una lápida. Dice así:

“Aquí fue asesinado Libero Grassi. Empresario, hombre valiente, asesinado por la Mafia, por la omertá de la asociación de industriales, por la indiferencia de los partidos, por la ausencia del Estado”.

Los familiares de Libero Grassi no quieren palmaditas en la espalda de las instituciones, ni de los despachos de Palermo. Pero esta vez quisieron a su lado a los 10 tenderos bengalíes.

Fuente: https://elpais.com

Cazando la berrea…

Llegó de copiloto en todo terreno acompañado del celador, caminó un centenar de pasos erguido como una vela, instaló el rifle sobre el fino trípode que portaba, apuntó a un ciervo encendido de amor que bramaba al viento y ramoneaba ajeno a todo peligro, y, sin sudor alguno ni mota de polvo que deslustrara su impecable atuendo de marca, cosechó de esta guisa un nuevo éxito como cazador, que a saber cómo pregonará donde exponga el trofeo.

Con este derroche de ventajas cumplió el venador una misión salvaje que, en buena lid, debiera exigir caminata, atisbo, agudeza, persecución y algún que otro rasguño para, al fin, alzarse con una res que ventea a distancia y desaparece entre el follaje al menor movimiento sospechoso.

La otra soba que forja y dobla a todo cazador digno de tal nombre, consecuencia de sangrar, descuartizar y cargar con el animal abatido, también lo resolvió el susodicho cediendo al celador la tarea de descabezar el venado y de trasladar el llamado trofeo hasta el vehículo, y dejando el resto del gastronómico cuerpo tirado en la costanera para banquete de carroñeros y fauna necrófaga.

Al hombre del rifle lo empujaba la adrenalina de atinar en el codillo al ungulado avistado por el celador tiempo atrás, y derribarlo para siempre. Hubo un tiempo, reconocido por la propia guardería, “que si untabas” conseguías uno de los ases del berreadero. De lo contrario pasabas las estancias en blanco con el demérito de presentarte ante los tuyos de vacío o con un jijas.

Sucedió en esta ocasión que solo unos minutos antes de perforarlo con dos balas, el armonioso ciervo era observado en silencio y con todos los sentidos en vilo por una niña y sus padres, que habían acudido a disfrutar de la berrea y del comportamiento de uno de los seres considerados “nobles” del bosque. Luchaba con todo su temperamento por imponerse y gobernar el reino de hembras, y por perpetuar la especie.

También un amante de la caza fotográfica inmortalizaba ese crepúsculo, y desde la misma tribuna, el espectáculo salvaje. Lo hacía con mutismo para no alterar la confrontación entablada por los excitados señores entre la vegetación y sus claros. Lucían los protagonistas el 24 de septiembre las cornamentas más poderosas posibles, y se cocían los retos y gran batalla sobre el terreno.

En el resguardo de la cumbre coincidieron ese atardecer los amantes de la fauna, el aficionado a la caza fotográfica y, en último lugar, el cazador de trofeos. Una diversidad de intereses estaban allí reunidos.

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Canto a la libertad…

A veces sueño con una casita en el campo y un príncipe azul. Pero en el fondo sé que no puedo; me falta valor para afrontar la vida cotidiana, la rutina de un trabajo o el compromiso de un amor; nací pájaro y miro con envidia a la gente que es feliz en tierra, como el rebeco mira con nostalgia el vuelo de las águilas.

Miriam García Pascual (Bájame una estrella)

Ilusión auditiva: ¿Yanny o Laurel?

Como pasó con la famosa ilusión del vestido blanco y dorado o azul y negro, la primera vez que escuchas este fragmento de audio piensas que la polémica es una tomadura de pelo: o bien oyes “Laurel” o bien oyes “Yanny” y te parece impensable que pueda haber otra interpretación:

Como pasaba con el truco del vestido, una misma persona puede apreciar una cosa u otra dependiendo del momento, pero sospecho que en este caso la ilusión auditiva de Laurel y Yanny se parece más a la famosa ilusión visual de la bailarina que da vueltas en un sentido u otro. En este famosos truco, nuestro cerebro puede ver a la figura femenina girar de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, dependiendo de cómo inicie la visualización cada vez.

Ambas se construyen en espacios diferentes del espectro y el cerebro puede escoger centrarse en una parte del sonido o la otra. Un truco para los que aún no han conseguido pasar de una palabra a la otra: si se percibe la voz como metálica y aguda se escucha decir “Yanny”, pero si se percibe como grave y profunda se oye claramente “Laurel”.

Y por qué sucede todo esto? Varios medios y especialistas han intentado ofrecer las claves para entender lo que está sucediendo en esta ilusión auditiva. En Popular Science, el profesor de la Universidad de Arizona Brad Story ha analizado la forma de la onda y asegura que aunque la voz está diciendo originalmente “Laurel” son las resonancias que introduce la pronunciación las que producen una posible segunda interpretación. Ambas palabras tienen un mismo esquema sonoro (alto-bajo-alto), pero la las características acústicas son distintas y ubicadas en una segunda resonancia.

Fuente: www.vozpopuli.com

¿Es posible abrir la puerta de emergencia en vuelo?

Lo cuentan los chicos de AsapScience en su última pieza visual. Como bien indican, los aviones comerciales presurizan sus cabinas para que coincidan con la presión atmosférica de 2.500 a 3.000 metros sobre el nivel del mar, a pesar de que la altitud de crucero del avión en el que se encuentran es de 9.000 a 13.000 metros.

A medida que la altitud aumenta, la presión atmosférica disminuye. Esto se debe a la atracción gravitacional de la Tierra sobre las moléculas de aire en la atmósfera. Cuanto más cerca de la superficie de la Tierra, más fuerte es la fuerza ejercida sobre estas moléculas.

Dicho esto, se se abriera la puerta, el avión se despresurizaría en menos de 0,5 segundos. Bajo este escenario, a menos que los pasajeros tengan el cinturón de seguridad abrochado, saldrían rápidamente expulsados ​​del avión debido a la diferencia de presión. Obviamente, en el hipotético caso las tasas de supervivencia son muy reducidas dada la posibilidad de que el avión entero se rompa.

Debido a que el aire es sustancialmente más fino a grandes altitudes, hay menos oxígeno. Una descompresión gradual en la cabina también hace que las máscaras de oxígeno caigan, y en promedio, se calcula que los pasajeros tienen 18 segundos para ponerse la máscara antes de que aparezca la hipoxia, la cual se da cuando los niveles de oxígeno disminuyen, causando síntomas de náuseas, mareos e inconsciencia (llegando a la muerte).

Además, las reservas de oxígeno en un avión duran 10 minutos. Suficiente para que el piloto descienda rápidamente y haga coincidir las presiones internas y externas.

En cualquier caso, no hay que preocuparse demasiado. Las posibilidades de que la puerta se abra son muy pequeñas, sobre todo teniendo en cuenta la presión que se ejerce (hay más presión dentro de la cabina que fuera) sobre ellas, y que mientras más grande sea el avión comercial, más fuerza (descomunal) hará falta para abrirla.

No sólo eso, las puertas de un avión casi siempre están bloqueadas electrónicamente por el piloto a través de funciones accesibles solo desde el interior de la cabina. Y las puertas tampoco se pueden romper, ya que están construidas con hasta seis capas de varios tipos de polímeros extra fuertes y a prueba de balas.

Fuente: https://es.gizmodo.com

Espiral del silencio…

¿Qué dice la espiral del silencio?

Recojo el planteamiento de la Wikipedia en castellano: “Las personas temen permanecer aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su alrededor. Dado que las personas gustan también de ser populares y aceptadas, se expresan de acuerdo con las opiniones y comportamientos mayoritarios“.

Hasta aquí, estamos de acuerdo. No es muy habitual leer en redes sociales opiniones en contra de los pensamientos que se consideran mayoritarios. Por ejemplo no es fácil leer en vuestro Facebook opiniones contra los homosexuales o contra las minorías étnicas. Pero sabemos que la homofobia y el racismo existen, y conocemos a racistas y homófobos que en su Facebook nunca expresan su pensamiento, por lo que observamos el primer descuadre entre opinión privada y pública.

Esto son opiniones fijas e instaladas en la sociedad. Pero luego hay opiniones cambiantes, como la que aquí nos ocupa. Veamos lo que dice Noelle Neumann: “Con respecto a las teorías cambiantes, el individuo debe observar con atención en qué dirección se produce el cambio. Los individuos que entienden que el cambio se produce en la misma dirección que sus propias opiniones personales, las expondrán en público, pero, al contrario, si el cambio se produce en oposición a las suyas tenderá a ser más cauto al exponerlas en presencia de otras personas”. Aquí yo añado un tercer tipo de individuo de mi cosecha: aquel que no tenía una opinión formada sobre el asunto pero se adhiere a la opinión mayoritaria. En el caso de La Manada es claro, al ver los ‘expertos’ en derecho penal que salieron como setas tras la lluvia y tenían muy claro por qué defendían el lema del movimiento: #noesabusoesviolación.

En la jornada de ayer pudo verse uno de estos movimientos en espiral, en el que los mensajes en la misma dirección llegan primero de las personas que a todas luces ya estaban convencidas en este mensaje y por tanto creen en él. Líderes de opinión feministas y tuiteras anónimas también feministas comparten la idea: la sentencia es un fraude, los jueces son machistas, y cuando digo que no es no.

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Presunción de inocencia e in dubio pro reo…

El derecho a la presunción de inocencia es un derecho fundamental en tanto en cuanto está previsto en el artículo 24.2 de la Constitución Española el cual supone que toda persona a la que se le impute un hecho en un procedimiento penal conserva su cualidad de inocente hasta que se demuestre su culpabilidad, que deberá ser en un Juicio con todas las garantías establecidas por la ley. Igualmente el derecho a la presunción de inocencia supone que el imputado no tiene la carga de probar su inocencia sino que es la acusación (en la mayoría de ocasiones el Ministerio Fiscal) quien tiene la carga probatoria de la culpabilidad de la persona contra la que se dirige el procedimiento. Además no procederá condena alguna si no se han practicado en el acto de Juicio Oral pruebas de cargo bastante susceptibles de enervar la presunción de inocencia.

Por su parte, el principio in dubio pro reo es un principio del derecho penal en base al cual el Juez o Tribunal, a la hora de valoración y apreciación de la prueba, deberá actuar a favor del reo en caso de que le resulten dudas acerca de la culpabilidad del acusado. Esto es, en caso de duda, la resolución judicial deberá ser favorable para el reo. En muchas ocasiones supondrá la absolución pero también puede suponer la no aplicación de circunstancias agravantes.

No es inusual que se suelan mezclar los dos conceptos – presunción de inocencia e in dubio pro reo – ya que tienen un punto común: no podrá condenarse a nadie de no haberse practicado contra esa persona pruebas que demuestren su culpabilidad.

En la primera fase operaría la presunción de inocencia y en la segunda el principio in dubio pro reo. Y ello es así porque la presunción de inocencia se desenvuelve en el marco de la carga probatoria en tanto en cuanto en virtud de ésta se debe determinar que existe prueba de cargo obtenida con arreglo a las garantías procesales y que ésta tiene contenido incriminador suficiente.

Una vez superada esta fase y concretado si existe prueba o no, entrará en juego el principio in dubio pro reo que presupone la previa existencia de pruebas y se desenvuelve en el campo de la estricta valoración de las pruebas; el Tribunal debe valorar las pruebas y la eficacia demostrativa de las mismas, siendo que si el Juez o Tribunal no consigue una convicción sobre la verdad de los hechos, deberá aplicar el principio in dubio pro reo y absolver al acusado.

A pesar de la íntima relación que guardan el derecho de presunción de inocencia y el principio in dubio pro reo, y aunque uno y otro sea manifestación de un genérico favor rei, existe una diferencia sustancial entre ambos, de modo que su alcance no puede ser confundido. El principio in dubio pro reo solo entra en juego cuando practicada la prueba, ésta no ha desvirtuado la presunción de inocencia. Dicho en otros términos, la aplicación de dicho principio se excluye cuando el órgano judicial no ha tenido duda sobre el carácter incriminatorio de las pruebas practicadas.

Fuente: http://www.eljurista.eu

Sentencia de “La manada”…

La sentencia del caso mediáticamente conocido como “La Manada” ha generado un enorme revuelo en torno a conceptos como el de violación, intimidación o prevalencia.

El derecho, como la economía, la medicina u otras disciplinas, dispone de un vocabulario propio, técnico, en el que se emplean términos y expresiones cuyo significado difiere del que a menudo le otorga el común de los mortales, lo que no sólo puede llevar a equívocos, sino también emplearse de manera más o menos interesada para generar polémicas.

Un ejemplo de tergiversación y de polémica interesada lo hemos tenido a raíz de la sentencia de “La Manada” con la palabra violación. Mientras que el diccionario de la lengua española, la RAE, la define como: “el delito consistente en violar (tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad)”, el término como tal aparece apenas mencionado en el actual Código Penal.

Aprobado en el año 1995 siendo Ministro de Justicia el Sr Belloch (PSOE), el Código Penal contiene una nueva regulación de los delitos contra la libertad sexual, cuya finalidad es proteger la libertad sexual de todos, utilizando para ello nuevas técnicas punitivas (y esto no lo digo yo, sino que lo afirma expresamente la exposición de motivos de la ley).

Bajo el título “delitos contra la libertad y la indemnidad sexuales“, el Código Penal distingue, básicamente, entre cinco tipos delictivos: la agresión sexual, el abuso sexual, el acoso sexual, el exhibicionismo y la explotación sexual.

Pues bien, tanto el delito de agresión sexual, como el de abuso sexual, encajan en la definición de violación que recoge la RAE, pues uno de los elementos integrantes de ambos tipos penales es, precisamente, que exista acceso carnal con alguien en contra de su voluntad. Es decir, tanto la agresión sexual como el abuso sexual suponen, en lenguaje coloquial, la existencia de una violación.

Y entonces se preguntará usted, querido lector, ¿si tanto agresión como abuso conllevan una violación, por qué la ley hace esa distinción? Pues seguramente para ayudar a jueces y tribunales a subsumir hechos en el tipo penal en atención a los diferentes matices que presente el caso, intentado que ninguna conducta que pueda resultar merecedora de reproche penal quede sin castigo por una inexistente o deficiente tipificación.

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Ultrarunners…

Grecia, año 2007, un pequeño y desconocido polaco, lidera la ultramaratón por excelencia, la Spartathlon. Piotr Kurylo, al que muchos están tomando por loco a estas alturas, lleva horas escapado en primera posición, perseguido por el vigente campeón de la prueba, la leyenda viva de EEUU, Scott Jurek.

Piotr, cuya única referencia para los demás es haber acabado la prueba el año anterior, apenas una hora antes del cierre de meta, va lanzado como un kamikaze hacia Sparta. A estas alturas, Jurek lleva 193 kilómetros de carrera, y ha descolgado a la élite de la prueba, tipos como Valmir Nunes (ganador en 2001), Markus Thalmann (ganador en 2003), Jens Lukas (ganador en 2004 y 2005) y el japones Sekiya Ryoichi (ganador en 2002 y 2009)…….pero no logra alcanzar al jodido polaco.

Mientras tanto, toda la atención de la prueba se la lleva Piotr, sobre todo cuando se destapa una noticia que deja a todos boquiabiertos: el polaco ha llegado a la salida en Atenas, ¡¡¡ corriendo desde Polonia !!! El tipo ha recorrido 2800 kms, tirando de un carrito de bebé “tuneado” para la ocasión, con todo lo necesario para sobrevivir las seis semanas que ha durado su viaje (una media aproximada de 70kms diarios).

Finalmente, Jurek consiguió adelantar a Piotr en la oscuridad de la noche, y apretó el ritmo para desaparecer de su vista, y simular encontrarse mucho mejor de como en realidad se encontraba (no quería que el polaco se viera con posibilidades y le amargara la fiesta). Al final, “el hombre del carrito” (como empezaron a llamarle), llegó a meta en segunda posición, con un tiempo de 24 horas 29 minutos 41 segundos, y se desmayó a los pies de la estatua de Leónidas.

Básicamente, después de su gesta, Piotr recibió lo mismo que el resto de corredores llegados a meta, una corona de laureles y un sorbo de agua……y a día de hoy sigue siendo prácticamente un desconocido (casi seguro que es la primera vez que lees sobre esta historia y sobre Piotr). En esencia, esto es lo que mantiene vivo el espíritu de los ultramaratones: si no hay premio en metálico, ni fama, los necios y el dopaje se mantienen alejados. Pero ¿cuanto va a durar sin corromperse?

Coge una carrera a pie, donde no haga falta correr, llámala “Ultra”, y agotaras dorsales. Tendrás cientos de personas ( que apenas aguantan corriendo 20 kilómetros a ritmo decente sin pararse) creyéndose ultrafondistas, o ultrarunners (que suena mejor). En un par de ediciones, una marca fuerte verá el filón, y patrocinará la misma. Ahora, has conseguido un negocio, no una carrera, donde una legión de caminantes (disfrazados de polaco) protestan por el polvo del camino y por la calidad de la prenda “finisher” ; una manada de insolentes, a los que no conformarías con un puñado de laurel y un sorbo de agua.

Si observas internet, hay pruebas que parecen el Mayo de las Comuniones, donde hay mas preocupación por el menú y el álbum de fotos, que por el acto en si y su esencia. Se dedica mas tiempo a escoger el traje, que a preparar la ceremonia. Luego, todos la mar de monos en la linea de salida, y en las fotos de meta……..si se llega….

Correr es correr, al menos respetemos eso.

Podemos correr por correr, a diario, sin tener que demostrar nada a nadie. Podemos correr en pruebas de 25 o 30 kilómetros, y acabar agotados, y pletóricos. Podemos correr un maratón, sin creernos anticuados, y sentir el orgullo de antaño. En cualquier caso, habremos corrido, en el sentido literal del verbo, y en la esencia del acto.

Incluso Piotr y Jurek, se vieron obligados a caminar en la subida al monte Parthenio, no por descanso, sino por imposibilidad y por cordura. No es algo que les haga débiles, es que la pendiente lo exige, como en otros momentos puntuales de la prueba. A veces hay que caminar, y punto.

Pero cuando se camina todo el rato, y lo que se hace “a veces” es lo de correr, queda claro que alguien ha bautizado mal la prueba, llamándola carrera. No todos podemos correr 70 kilómetros diarios durante seis semanas……y menos tirando de un carrito. No todos podemos acumular mas de 100 kilómetros semanales en las piernas. No todos nacimos en lo alto de una montaña, o nos caímos de pequeños en la marmita de Panoramix el druida.

No todos podemos ser ultrafondistas……..o al menos no podemos serlo sin pagar el precio. Un precio que supone horas sin descanso, sin otro ocio que correr, y conseguir asimilarlo. Un precio que supone delgadez, dolor corporal, y conseguir no caer lesionado. Un precio que supone ausencias y horarios, cambios de humor, y conseguir no trastornar un hogar, ni las relaciones humanas. Todo ello quizás, por un puñado de laureles y un sorbo de agua.

Correr es correr, y eso quizás si que podemos hacerlo, no uniendo Atenas con Sparta, pero al menos despegando los pies del suelo, fieles a la definición del acto. En una sociedad de disfraces y de engaños, de perfiles retocados, de reality shows, donde todo el mundo finge ser quien no es para acumular seguidores, todo está contaminado……todo el mundo juega al mismo juego de tramposos.

Piotr Kurylo lo dio todo, hasta caer desplomado, corriendo con las reglas del correr, en la madre de todas las carreras……..y para el mundo no es mas que un desconocido. Creo que al menos merece estos renglones, destapar por un día su difícil nombre, y que alguien mas ,que se dice ultrafondista, conozca su hazaña. Correr siempre será correr, aunque se empeñen en disfrazarlo.

Fuente: http://livanvivo.blogspot.com.es

Entrevista…

 Lo que quiero es que tengamos una conversación sincera. 
Aha.- contesta ella sabiendo que hemos empezado mal. Si algo no quiere él es que ella sea sincera.
Te voy a ser sincero. 
Me parece muy bien.- contesta ella sabiendo que es ahora cuando viene el comentario desagradable.
A mi me gustaría para este puesto el mejor de España y ,obviamente, tú no eres la mejor de España. 
– En eso estamos de acuerdo. Si fuera la mejor de España no estaría aquí, obviamente. 
Primera cara de sorpresa de él.
– Esto ¿por dónde iba?
– Porque no soy la mejor de España. 
– Ah si, eso. Bueno pero eso no quiere decir que no crea que tienes muchas capacidades. 
– Gracias. 
– Lo que de verdad me preocupa es que este no sea tu trabajo ideal. 
– No es mi trabajo ideal. ¿Es el tuyo? 
– ¿Qué?
– Este no es mi trabajo ideal. Claro que no lo es. Mi trabajo ideal sería trabajar en casa un par de días a la semana y otros tres ir a un sitio chulo  al que pudiera ir caminando o viajar a otra ciudad a hacer colaboraciones. Otro trabajo de mis trabajos ideales sería tener una pequeña librería o trabajar en una biblioteca.
Segunda cara de sorpresa.
– Pero que no sea mi trabajo ideal no quiere decir que no vaya a hacerlo lo mejor posible. ¿Estar aquí, entrevistándome, es tu trabajo ideal? Seguro que no, pero yo no dudo de tu interés e intención en encontrar la persona adecuada para el puesto. 
– Esto…vale. Pero lo que me preocupa es que te cojamos, trabajes aquí unos meses y te salga algo mejor y te vayas. 
– Lo entiendo. Si me sale algo mejor, me iré. 
– ¿Cómo?
– No sé, a mi me preocupa entrar a trabajar aquí y que dentro de 4 meses pienses que no soy la persona adecuada y me eches. Estamos iguales. 
– Esto… claro pero me gustaría tener un compromiso firme. 
– Y a mi. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué no me voy a ir si me sale algo mejor? ¿Qué te entregue a mi primogénita en prenda? ¿Qué me dais vosotros a cambio?
– Esto….
“No da el perfil. Es un alma libre”.

Prisión permanente revisable…

Todos estamos de acuerdo en que algunas conductas están mal. Todos estamos de acuerdo en que determinadas conductas especialmente graves tienen que tener privación de libertad. Teniendo esto claro, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo? Porque no estamos pensando en lo mismo, porque concebimos la justicia de una forma diferente. En estos casos concretos, nos adscribimos a una de dos en su mayoría, aunque luego utilicemos argumentos de la otra o aceptemos sus matices.

Como siempre que hablo de Teoría del Derecho, dejad ideas preconcebidas a un lado, leed el artículo y ved si lo que más os encaja está en relación con vuestras ideas sobre el tema en concreto. En ocasiones hay sorpresas…

Y el tradicional disclaimer: si sois juristas o filósofos, recordad que esto es algo súper condensado y sencillísimo para el profano y me dejo muchísimo en el tintero…

Las dos grandes concepciones

La gran división entre estas dos visiones es una pregunta sencilla: ¿Para qué sirve la pena? Y esto es lo mismo que preguntarse ¿para qué sirve el derecho penal? e, incluso, ¿para qué sirve el derecho?

Bien, pues sintonicemos HBO, aplaudamos y veamos en lados enfrentados del ring al retribucionismo y al utilitarismo. Las hostias entre estas dos corrientes llevan siendo antológicas durante siglos y, lo sepas o no, estás defendiendo a uno de ellos.

1- Empecemos con el retribucionismo, que es una filosofía más limitada en tanto que no tiene las ramificaciones del utilitarismo (din din din, si te suena Bentham la has clavado) aunque parte de algunas doctrinas de auténticos Pesos Pesados de la Filosofía, como veréis ahora.

El retribucionismo viene a decir que si algo es malo, ha de castigarse. El daño causado es un daño que ha de castigarse independientemente de que el castigo sea útil o no, de que baje la criminalidad o la felicidad o el coño de Santa Eulalia o no.

Si te está resonando por ahí algo de un tal Kant, eres bastante listo y sí que se pueden ver relaciones. Simplificándolo mucho, para Kant la mentira está mal y es mala aunque mintiendo consigas que no se carguen a un inocente. El retribucionismo viene a decir algo similar y es un concepto basado más en un concepto indeterminado de justicia y “orden natural”, aunque también tiene su origen en la Teoría del Contrato Social. La haces, la pagas. (Kant tampoco era un nazi irracional y el retribucionismo no es una posición reaccionaria porque viene ponderada por la proporcionalidad de la pena).

2- Y al otro extremo, tenemos al utilitarismo, que es una filosofía (o ética) que abarca mucho más lejos que el derecho y dice que la mejor acción es la que hace la mayor cantidad de bien a la mayor cantidad de personas. Algunos denominan al “utilitarismo legal” “prevencionismo“, aunque estamos en la misma. Si es útil en ese sentido, es la decisión correcta. Claro que ahí metemos la picha en coño de veinte metros y en función de la corriente, “utilidad” y “bien” tienen distintas concepciones.

Aplicado al derecho, el utilitarismo dice: el fin de la pena no es castigar, es generar el mayor bien posible a la sociedad. Encarcelas a alguien no para que sufra como castigo (o no primordialmente), sino para mantenerlo alejado de la sociedad y que no dañe a nadie más. Incluso si te cargas a alguien (sí, hay o hubo utilitaristas defendiendo la pena de muerte) es porque la elección que más bien genera para el mayor número de personas es que esa persona muera en tanto que has comprobado que cualquier otra elección es menos “útil”.

Y yo, ¿qué soy?

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8M…

Cuando me encontré con este acertijo por primera vez, hace unos años, sentí rabia y una especie de decepción personal al conocer la respuesta y ver que no se me había ocurrido.

Con el tiempo supe que, en realidad, la mayoría no logra resolverlo, como el 86% de los estudiantes de psicología que participaron en 2014 en un estudio de la Universidad de Boston (EE.UU.) que usó esta adivinanza, conocida en el ámbito de la sociología:

Un padre y su hijo viajan en coche y tienen un accidente grave. El padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia, para la que llaman a una eminencia médica. Pero cuando entra en el quirófano dice: No puedo operarlo, es mi hijo. ¿Cómo se explica esto?

Si ya sabes la solución, probablemente te parezca increíble que alguien dude de la respuesta. (Si no la conoces, sigue leyendo).

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¿Son las pensiones sostenibles?

En los últimos días se están celebrando muchas manifestaciones de jubilados quejándose por la baja revalorización de sus pensiones (recuerda que solo les han subido el 0,25%) y más aún por el bajo importe de muchas de ellas. Al parecer el gobierno pretende proponer como “remedio” una reducción en su declaración anual del impuesto del IRPF a las personas mayores de 80a. Es decir que como se supone que no hay suficiente dinero público para pagar unas pensiones mejores y/o unas subidas más altas, proponen como remedio reducir otra vez los ingresos públicos. Toma castaña. ¿Pero realmente es cierto que no hay dinero para pensiones más altas y/o subidas con el IPC?

Como muchos saben, aunque desde luego no todos, la financiación de las prestaciones de la SS, es decir el dinero de las pensiones de jubilación entre otras cosas, procede básicamente de las cotizaciones a la SS de los trabajadores y de las empresas.

Es decir que básicamente ese dinero no sale de lo que se recauda del IRPF, ni del impuesto de sociedades ni del IVA. Por lo que algunos partidos están pidiendo que las pensiones se financien también con estos u otros impuestos. Es decir que cuando el dinero de las cotizaciones no fuera suficiente para pagar las pensiones, se tirara de otro dinero, lo mismo que ese otro dinero se utiliza para pagar trenes carísimos, aeropuertos carísimos, rescates de bancos, autopistas privadas, etc. etc.

Pues bien, resulta que esa petición de pagar las pensiones también con los impuestos ya está aprobada desde hace un montón de años. Es decir que los partidos que hacen esa petición parecen ignorar que existe el art.109 LGSS que dice lo siguiente:

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El origen de las variables…

¿Por qué se usa x, y o z en las ecuaciones matemáticas?

En 1637 René Descartes publicaba El discurso del método y como parte de esta obra había una sección denominada Geometría. En este apartado, como supondrán por el título y podrán comprobar si le echan un vistazo a la obra, las ecuaciones matemáticas son una constante y eso conllevó algún problema a los impresores. Ya saben ustedes que en aquel tiempo, y creo que aún se hace así en algunos casos, se componían los libros colocando las letras tipográficas, con su relieve, en filas que formaban las palabras y estas las líneas y estas al final las páginas.

Debido a las ecuaciones, los impresores comenzaron a sufrir la escasez de algunas letras. Es decir, la letra a, por ejemplo, se usaba en el texto normal y además en las ecuaciones, donde se repetía continuamente, lo que provocaba que escasearan las letras a en los cajones del impresor para componer las páginas. Así, preguntaron a Descartes si era necesario usar la a, y otras similares, o si en cambio en las ecuaciones podían usar cualquier letra.

Descartes respondió que en las ecuaciones las letras no son más que símbolos y que lo mismo da usar la letra a o b que cualquier otra. Y entonces el impresor comenzó a usar las letras menos usadas en el idioma original del libro, el francés. Y ahí aparecieron las letras x, y y z como las clásicas letras para representar las incógnitas en las ecuaciones.

¿Y por qué se usa i, j y k como variables de iteración -contadores- en programación?

Proviene de que en fortran (uno de los primeros lenguajes de programación de uso extendido) las variables integer debían comenzar por una de letra de la i a la n, de ahí que se usaran la i, j, k puesto que son las primeras y el nombre mas corto posible para una variable int y ya se quedo la “convención” para el resto de lenguajes.

Fuente: www.meneame.net

La guerra de los mundos…

Es con toda seguridad el capítulo más famoso de la historia de la radio mundial: Orson Welles retransmite en la radio de EEUU una radionovela titulada ‘La guerra de los mundos’, que narra el ataque de los alienígenas a la Tierra con tal realismo que la gente huye de sus casas, arrastrada por un pánico irracional. Una bonita historia sobre el desmesurado poder de los medios y la frágil frontera entre la realidad y la ficción. Desdichadamente es una historia tan falsa como un ovni de papel de aluminio.

Aquel famoso programa, del que hoy se cumplen 75 años, disparó el mito de Orson Welles y se convirtió en su pasaporte hacia su triunfal carrera en Hollywood, de la mano de la RKO. Cuando se habla de la obra de Welles es inevitable hacer mención a aquella legendaria retransmisión del libro homónimo de H.G. Wells en el Teatro Mercurio de Nueva York, con el sello de la CBS. Un documental emitido el pasado 27 de octubre en Documentos TV explica cómo se gestó la “emisión del pánico”: “Más de un millón de personas se convencieron de que los Estados Unidos estaban bajo el ataque de invasores extraterrestres”, “el país experimentó un tipo de histeria masiva que no se había visto hasta la fecha” son algunas de las frases que jalonan el documental.

El problema es que ninguna de ellas es verdad: “Prácticamente nadie resultó engañado por la retransmisión de Welles”, afirman los profesores de comunicación Jefferson Pooley y Michael Socolow en un controvertido artículo en Slate. Según los estudiosos, la audiencia del programa fue mucho menor de lo que nos ha contado la historia y casi todos los radio oyentes entendieron desde el principio que aquel programa no era más que una dramatización.

¿Por qué ha llegado hasta nuestros días entonces esa versión distorsionada de lo que pasó aquella noche en la costa este de Norteamérica? Por la facundia de los periódicos, que manipularon a sabiendas las consecuencias de la retransmisión en su intento por desprestigiar un medio advenedizo como la radio, que amenazaba su hasta entonces monopolio de la información, según explican los profesores:

“La radio había absorbido una buena parte de los ingresos publicitarios de la prensa escrita durante la Depresión, dañando a la industria de los periódicos. Así que éstos vieron en el programa de Welles una oportunidad para desacreditar a la radio como fuente de noticias. La industria de la prensa exageró el pánico para demostrar a anunciantes y reguladores que la radio era un medio irresponsable y no debía ser confiado”.

Cabeceras como la prestigiosa The New York Times no dudaron en lanzarse a la yugular de su competidor hertziano con motivo del serial de la CBS. Pero el también neoyorkino Daily News llevó la manipulación al paroxismo con su portada: “Una falsa “guerra” radiofónica extiende el terror en EEUU”. La campaña de los periódicos fue tan desmesurada que ‘La guerra de los mundos’ cobró un éxito inesperado… a posteriori: todo el mundo afirmó haber escuchado la radionovela en directo, pero los datos que aportan Pooley y Socolow demuestran que no fue así. Haciendo un osado paralelismo espacio-temporalmente es como cuando todo hijo de vecino vio la cámara oculta de Ricky Martin y la niña del fuagrás, un programa que –lo lamentamos- jamás fue emitido.

En realidad, sólo el 2% de los oyentes que estaban escuchando en aquel momento la radio estaban sintonizando la frecuencia de la CBS, según los autores. Para abundar en este dato, ‘La guerra de los mundos’ fue el vano intento de la cadena para contraprogramar un programa de éxito, Chase and Sanborn Hour, dirigido por el ventrílocuo Edgard Bergen. (¿Un ventrílocuo en la radio? ¡Así cualquiera!).

¿Por qué se ha perpetuado entonces el mito de aquel programa?, se preguntan los autores. En primer lugar “porque confirma nuestro escepticismo cultural sobre las audiencias masivas y el miedo que suele acompañar a la excitación por los nuevos medios”, se autorresponden. No menos importante es la inevitable promoción que aquel episodio supuso para la CBS, para la radio en general y para Orson Welles en particular, que lejos de salir debilitados por los ataques de la prensa escrita, convirtieron ‘La guerra de los mundos’ en un singular ejemplo del enorme poder de influencia del nuevo (en 1938) medio, la hoy venerable radio.

Fuente: www.experiensense.com

¿Por qué 0! = 1?

El factorial (operación !) realmente es un caso concreto de productorio donde el rango inferior es 1 y el superior es el valor del que se quiere conocer el factorial. El productorio es similar al sumatorio que todos hemos visto alguna vez.

Tanto el productorio como el sumatorio realizan una operación con el conjunto de valores incluidos en el rango especificado entre el inicio y el fin, evidentemente el productorio multiplica y el sumatorio realiza la suma.

¿Qué sucede cuando el rango sobre el que se realiza la operación es vacío? Pues que el resultado es el elemento neutro de la operación. El cero en el caso de la suma y el uno en el caso del producto.

Es decir: 0! = multiplicador de 1 a 0 = (rango vacío entonces resultado igual a elemento neutro de la operación) = 1

¿A que sumatorio de 1 a 0 = 0 no le extraña a nadie? Pues lo mismo pasa con el productorio pero con el elemento neutro correspondiente a la operación que representa.

 

Y para terminar, un problema desafío: ¿Cómo calcular un factorial en función de su número de ceros?

Para obtener un cero hace falta tanto un múltiplo de 2 como uno de 5. Como los de 2 son más comunes y ambos están distribuidos de forma uniforme entre los naturales, sin saltos ni nada raro, podemos reducir esto a buscar múltiplos de 5.

De esa manera, 5! es el primer factorial que acaba en un cero.
10! es el primer factorial que acaba en dos ceros.
15! es el primer factorial que acaba en tres ceros.
20! es el primer factorial que acaba en cuatro ceros.
25! es el primer factorial que acaba en seis ceros. Son seis y no sólo cinco porque 25 tiene dos factores 5, y cada uno aporta un cero al resultado final.

 

Fuentes:

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