Categoría: Reflexiones
Para esos momentos de «ralladas mentales» en los que el cerebro decide funcionar por encima de su nivel normal y se vuelve creativo.
Subasta de empleo…
¿Dios existe?
“Tu pregunta es la más difícil del mundo. No es algo que pueda responder con un simple sí o no. No soy ateo. No sé si pueda definirme como un panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. ¿Puedo contestar con una parábola? La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas”
Fragmento de la entrevista a Albert Einstein publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck (1930).
Fuente: http://muhimu.es
Mira ese de ahí, el de la cresta…
“Mira ese de ahí, el de la cresta. ¡Mira qué pintas! ¿cómo pretenderá encontrar trabajo con esas pintas? ¡Madre de Dios! ¿Y estos son los que pretenden renovar la democracia? ¡Qué vergüenza! ¡Con lo bien que empezó lo del 15-M! Al principio sí que había gente de todo tipo, indignados de verdad. ¿Pero ahora? Ya lo ves. ¡Una panda de mataos, eso es lo que son! Y encima están arruinando a los pobres comerciantes de la Puerta del Sol. Que dicen que hasta huele mal, y todo. A ver si se marchan ya. Esto ya no tiene sentido. Están haciendo el ridículo”
Dices todo esto y mucho más, cómodamente sentado en el asiento trasero de mi taxi, mientras cruzamos una Puerta del Sol aún sitiada por carpas y carteles de indignados que huelen, sí, pero a ojeras, a sangre hirviendo, a ganas de levantar por ti la toalla que tú tiraste al tercer o cuarto día. Aquello estuvo bien, sí. Te ilusionaste casi tanto como aquella vez que España ganó el Mundial. Pero en estos tiempos de inmediatez nada dura más allá de tres o cuatro portadas, las noticias son modas pasajeras y la ausencia de titulares al respecto genera también sordera en ese efecto llamada que necesitabas cuando las cámaras retransmitían en directo, aunque sólo fuera para decir “yo estuve ahí”.
Y aquel tipo con cresta que tanto te repugna no tiene nada que ver contigo. Tú llevas chaqueta, corbata y el pelo corto porque te obliga la empresa para la que trabajas. Tu empresa te imprime unas normas que simplemente asumes. No te planteas por qué vistes exactamente igual que el resto de tus compañeros. También asumiste meterte en aquel piso a pagar en 30 años con un interés variable la mar de ventajoso, que pagarás doscientas veces más caro (y durante 25 años más) de lo que pagaron tus padres en su día, fruto de una especulación contra la que luchaste el día 15, el 16 y tal vez el 17 de mayo también, pero no más (demasiado para ti). Apenas una semana después votaste a un partido que en su día potenció esa misma especulación de la que tú eres víctima, pero había que echar a Zapatero como fuera y esto es cosa de dos, todo el mundo lo sabe, qué le vamos a hacer. Lo hiciste aunque el partido al que votaste incluyera imputados por corrupción en sus listas. Todos los políticos roban, los unos y los otros, qué le vamos a hacer.
Puede, digo yo, que aquel tipo con cresta, al menos, intentara a través de su imagen y estilo de vida demostrar que se caga en los parámetros establecidos, así como en ese mismo sistema que tú asumiste hace tiempo: “es el mundo que me ha tocado vivir, qué le vamos a hacer”. Mientras tanto piensas que ojalá tuvieras pasta para invertir en deuda griega. Los intereses están por las nubes, tú. Es negocio seguro (y los recortes que ahora sufren los curritos griegos para pagar esa deuda te pilla lejos; hay un mar de por medio).
La hipocresía huele peor que la mayor de las acampadas, querido amigo. Y también el conformismo ante la injusticia que aún sigue intacta (los políticos continúan sordos en su plácido e impune mundo ombliguista). Y criticar al que sigue luchando por algo que a ti también te incumbe sólo por justificar la mentira patrocinada en la que vives, me entristece. Es triste que hasta la indignación, en los putos tiempos que corren, sea efímera.
Fuente: http://blogs.20minutos.es
15M – Conclusiones…
Cuando un niño se enfrenta a situaciones que le contrarían, y se siente impotente ante ello, suele dar salida a su frustración a través de las rabietas. Cuando la rabieta pasa, si el deseo del niño no se ha visto cumplido, este pasa a un estado de aceptación. Estamos programados genéticamente para asumir la realidad.
El 15M fue una rabieta.Una sociedad inmadura políticamente enfrentándose a unas circunstancias que no eran de su agrado -indignantes-, pero que, dada su inmadurez, es impotente ante ellas: no sabe canalizar su cabreo en acciones útiles que cambien las cosas; en lugar de eso, estalla emocionalmente.
Y pasado el estallido emocional, sin el resultado deseado, los “niños” pasaron a un estado de pasiva asunción de la desagradable realidad política. Fin de la rabieta.
No quiero decir con esto que la rabieta no haya tenido consecuencia alguna. Sí las ha tenido.
Al igual que el mecanismo de una olla exprés, la rabieta sirve para aliviar la presión cuando esta alcanza niveles peligrosos -para el Sistema-. Así ocurrió con el 15M. El estallido emocional alivió la presión social que existía ante una partitocracia más cuestionada que nunca, que respondía cada vez menos a las necesidades de la gente, y cada vez más a las demandas del Poder económico.
La gente se indignó, ocupó las plazas, gritó, lloró, y, cuando pasó todo ello, volvió, ya más calmada, a sus vidas, incluida a la obediencia sumisa a ese Régimen político que detesta, pero que es incapaz de cambiar.
Una segunda consecuencia del 15M fue permitir que unos hábiles oportunistas identificaran y aprovecharan el momento para captar un gran nicho electoral, que estaba desatendido por los partidos políticos hegemónicos. El 15M, para ellos, fue como el toque de campana que indica que la hora de comer ha llegado, que el alimento ya está disponible y preparado para ser devorado. Y lo estaba.
El hecho de que esa gran masa de potenciales votantes viera cubierta su necesidad de un referente partidista, que les dijera lo que querían oír, disminuyó todavía más lo poco que quedaba de la movilización ciudadana propiciada por el estallido emocional.
Y también contribuyó a esta desmovilización que parte de las personas que hace cinco años ya estaban movilizadas contra el Sistema, que no supieron leer lo que era realmente el 15M, y que se crearon esperanzas y expectativas irreales, acabaran quemadas, decepcionadas, sin ganas de seguir luchando.
El 15M actuó, en definitiva, como gran factor de desmovilización, dejando esta reducida a su mínima expresión en y para muchos años.
Pero bueno, no quiero dar la impresión de que todo, todo, ha sido negativo. El 15M también abrió la puerta a la movilización a unas cuantas personas, en especial jóvenes, que estaban desmovilizadas entonces, y que todavía lo están ahora. Casi todos ellos habrían acabado, tarde o temprano, actuando, pero el 15M hizo que fuera más temprano que tarde. Algo es algo, ¿no?
Mi conclusión: el 15M fue una buena muestra de que, hoy en día, el Poder establecido tiene más capacidad que nunca -partidos políticos, televisión y demás medios de adoctrinamiento- para controlar y anular los estallidos emocionales de las masas. Por ahí no hay nada que hacer.
La revolución no va a llegar por la vía emocional. O viene desde la racionalidad, o no llegará.
Una revolución de adultos, que no sólo ocupen las plazas, sino que se pongan a construir una sociedad justa, digna, humana, a través de herramientas políticas de adultos: la autogestión y la democracia.
Lejos estamos todavía de ese día, me temo.
¿Monocrónico o policrónico?
El tiempo monocrónico es relacionado con el tiempo anglosajón, se ejecuta una sola tarea a la vez, se pone énfasis en la concentración del trabajo, los compromisos son vistos como algo ineludible y se valora bastante y se cumple lo planificado. El tiempo policrónico es relacionado con el tiempo hispanoamericano, se trata de ejecutar varias tareas a la vez, el trabajo es constantemente interrumpido, los compromisos se cumplen si es posible y se realizan constantes cambios en la planificación.
Anualmente se pierden millones de dolares, debido a que las personas creen erróneamente que el hecho de ser policrónico los convierte en «multitasking», teoría que fue comprobada hace unos años atrás, donde se llegó a la conclusión de que solo el 2% de la población lo es.
Lo anterior quiere decir que si eres policrónico, puedes perder hasta un 60% de tu productividad por falta de planificación, interrupciones y perdidas de tiempo por cambio entre tareas, ya que lleva bastante tiempo el retomar algo inconcluso justo en el punto donde fue dejado, esto requerirá necesariamente repasar mentalmente para recordar donde se quedó.
En mi caso, he intentado acomodar mi pensamiento para operar en la ejecución de mis tareas bajo un modelo monocrónico, pero ocurre, que culturalmente, casi todo mi entorno opera sobre un paradigma policrónico. Es así que no se acepta que trabaje en base a una agenda definida y se consideran que la planificación es una pérdida de tiempo, todo se va armando sobre la marcha, sufro de constantes interrupciones y me programan reuniones en cualquier horario, debiendo estar disponible a los constantes cambios de planificación que se dan en el transcurso del día.
He realizado bastantes pruebas de tareas donde he aprendido a reconocer las ventajas del tiempo monocrónico, es mucho más eficiente, me concentro en cada tarea hasta conseguirla en un 100%, preparo un plan diario para cumplimiento de tareas y manejo mi agenda haciendo que cada compromiso sea cumplido. (El problema es que vivo rodeado de «Policrónicos Multitasking»).
Ley de hierro de la oligarquía…
Robert Michels, en su obra Los partidos políticos, formula la ley de hierro de la oligarquía, con la que afirmaba que «tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría», la idea básica es que toda organización se vuelve oligárquica.
Los líderes, aunque en principio se guíen por la voluntad de la masa y se digan revolucionarios, pronto se emancipan de ésta y se vuelven conservadores. Siempre el líder buscará incrementar o mantener su poder, a cualquier precio, incluso olvidando sus viejos ideales.
Por eso, las organizaciones políticas pronto dejan de ser un medio para alcanzar determinados objetivos socioeconómicos, y se transforman en un fin en sí mismo (desplazamiento de objetivos).
La Ley de hierro de la oligarquía se fundamenta en tres argumentos:
- En primer lugar, cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más se burocratizan, ya que, por una parte, se especializan; y, por otra, deben tomar decisiones cada vez más complejas y de una forma más rápida. Aquellos individuos que conocen cómo tratar los temas complejos con los que se enfrenta la organización se van volviendo imprescindibles, formando la élite.
- En segundo lugar, se desarrolla una dicotomía entre eficiencia y democracia interna; de modo que para que la organización sea eficiente necesita un liderazgo fuerte, en detrimento de una menor democracia interna.
- En tercer lugar, la propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo, puesto que son apáticas, ineptas para resolver problemas por sí mismas; son agradecidas con el líder, y tienden al culto de la personalidad. Su única función sería, pues, la de escoger de vez en cuando a sus líderes.
El liderazgo anula la democracia, ya que ésta es entendida por Michels a la manera roussoneana, como gobierno del pueblo.
El parlamentarismo ayuda a la oligarquización (especialización de faenas, comisiones..), hace que el líder sea imprescindible, es rutinario (el líder puede hacer uso de sus capacidades técnicas adquiridas). El parlamentarismo da más oportunidades al líder para automatizarse. La casta de los líderes (oligarquía) se cierra como una falange, pues se ayudan mutuamente para evitar la competencia de nuevos líderes surgidos de la masa (trust oligárquico).
Lo único que puede hacer la masa es sustituir un líder por otro. Por eso los líderes mantienen algún vínculo con la masa, incluso alianzas contra nuevos líderes. Los viejos líderes apelan a la disciplina, cosa que reduce la libertad de expresión de la masa.
La organización es lo que da origen a la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía.
Fuente: https://es.wikipedia.org
Radicales…
Vida común media…
Conformismo…
Disculpa, pero te he oído mientras hablabas por teléfono. Decías que odias madrugar y que odias tu trabajo. Me parece increíble que te quejes por tener un cómodo empleo de oficina que te permite pagarte la cerveza que te estás tomando y el móvil de última generación por el que estabas hablando. Levantarte a las siete de la mañana para ir a tu oficina a aguantar al imbécil de tu jefe es una suerte, un privilegio, y más con la que está cayendo. No te puedes quejar.
Piensa si no en el treintañero que se ha quedado sin trabajo y tiene que aceptar un puesto en una cadena de comida rápida, sirviendo refrescos aguados y patatas aceitosas a adolescentes cuya porquería tendrá que limpiar. Este chico no trabajará de nueve a cinco en una cómoda mesa, contestando a correos electrónicos mientras escucha música. No, a él le esperan turnos de doce horas durante noches y fines de semana a cambio de una cuarta parte de tu sueldo.
Pero es que él tampoco se puede quejar. Al menos tiene un empleo. ¿Tú sabes la suerte que tenemos los que podemos ir a trabajar cada mañana y dedicar las mejores horas de nuestras vidas a cumplir los sueños del presidente del consejo de administración de nuestra empresa? Piensa en ese matrimonio con dos hijos que lleva más de tres años en paro y que ha perdido su casa. Los cuatro han tenido que ir a vivir con el padre de él y todos subsisten a duras penas con su pensión, que no llega a los 700 euros.
Y tampoco se pueden quejar. Tienen una casa en la que vivir. Agua, luz, algo en la nevera y los niños van a la escuela, donde al menos tienen una comida caliente al día. Hay gente que vive en la calle, durmiendo entre cartones o en cajeros, y pidiendo limosna para gastársela en vino.
Pero ellos tampoco pueden quejarse. Viven en occidente: tienen albergues, pueden recurrir a Cáritas, cuentan con hospitales y, trabajando duro, podrían recuperar la vida que muchas veces han perdido porque les daba la gana, que al fin y al cabo nadie les obligaba a ser alcohólicos o pobres.
Más difícil lo tienen quienes vienen de países africanos en guerra y se juegan la vida en pateras para llegar a nuestro país y buscarse la vida trabajando sin papeles, y eso si tienen suerte y no acaban de vendedores ambulantes o en la cárcel.
Ojo, que estos son los afortunados, los que al menos han podido huir. En su país se han quedado chavales de diecisiete años que tienen que empuñar un rifle y cortarles las manos a sus enemigos con un machete, que lo he leído en el periódico. Imagina. Eso sí que es jodido. Hay muchos tendones en las muñecas. Es mucho trabajo.
Pero ellos tampoco tienen derecho a quejarse. Siguen vivos, ¿qué más quieren? Y no como ese enemigo que está tumbado bocabajo, con varios agujeros en el torso y sin manos. Él sí que lo tiene mal.
Y tampoco se puede quejar.
Ya me dirás cómo.
Fuente: http://laconspiracion.es
Jornada de votación…
La democracia está enferma…
Que las empresas tengan especial influencia en la política significa que la democracia está enferma. El propósito de la democracia es asegurarse de que los ricos no tienen una influencia proporcional a su riqueza. Y si tienen más influencia que tu o que yo, eso significa que la democracia está fallando. Las leyes que obtienen de esta forma no tienen autoridad moral, sino la capacidad de hacer daño.
Fuente: http://blog.negonation.com
Exámenes…
«He dado clases a estudiantes de seis años. Como no tienen ni idea de lo que es un examen, cuando hacemos alguna prueba simplemente hablan y se hacen las preguntas entre ellos. Es adorable».
Fuente: www.playgroundmag.net
Ignorantes…
Ley de la controversia de Benford…
La ley de la controversia de Benford es una ley sociológica aplicable especialmente a las discusiones de los foros de Internet, aunque puede aplicarse en general a todo tipo de discusiones entre humanos.
En su formulación original, tal y como la enunció el autor de ciencia ficción Gregory Benford en la novela Cronopaisaje (1980), establece que:
- «La pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible.»
Fuente: https://es.wikipedia.org
Bifurcación…
Democracia dirigida…
La legitimidad de una democracia recae sobre la capacidad de las personas para pensar por sí mismas y elaborar criterios razonados a partir de la información que manejan, la cual se pretende que sea una exposición fiel de los hechos; de lo contrario, las decisiones avaladas por el pueblo han de ser erróneas por necesidad.
Con lo que había aprendido en materia de propaganda y desinformación, Lippmann, demócrata convencido, concluyó que el gobierno del pueblo era una imposibilidad: ni el ser humano, social y emocional por naturaleza, alcanza a elaborar criterios propios racionales, ni la información que maneja puede ser nunca fiel a los hechos.
La única salvación del sistema pasaba por que los “buenos” supieran manipular a las masas antes y mejor que los “malos”.
En cualquier caso, la manipulación era inevitable y la capacidad del “pueblo” para tomar decisiones de forma directa, completamente nula. Tal fue la advertencia de Edward Bernays a los gobiernos a los que aconsejó en materia de doma social. En su libro Propaganda, publicado en 1928, leemos:
“Ningún sociólogo que se precie puede pensar todavía que la voz del pueblo expresa ideas divinas o particularmente sabias y sublimes. La voz del pueblo da expresión a la mente del pueblo, que a su vez está domeñada por los líderes de grupo en los que cree y por aquellas personas que saben manipular a la opinión pública. Se compone de prejuicios heredados y símbolos, lugares comunes y latiguillos que los líderes de opinión suministran a la gente.
Por fortuna, el político de talento y sincero es capaz de moldear y formar la opinión de la gente sirviéndose de la propaganda como instrumento”.
Bernays supo entender que el éxito de la domesticación humana debía residir en que ésta fuera deseada, no impuesta. Saber dirigir los instintos básicos de las personas, aquellos más difíciles de ser controlados por uno mismo, era la clave.
Fue así que, en la feliz década de 1920, se asentaron las bases para conceptos como mercadotecnia –o marketing—, relaciones públicas y opinión pública, todos derivados para referirse a otra idea ya existente pero que estaba marcada por el tabú belicista: la propaganda.
La nueva forma de control y apaciguamiento iba a consistir en fomentar el deseo de una forma de vida que hasta entonces había sido tachada de frívola, pero que a partir de ese momento se iba a convertir en la nueva vida normal: el consumo de productos sin necesidad de ellos.
Ser pobre…
Ser pobre es saber exactamente el precio de todo.
Ser pobre es enfadarte con tus hijos por pedirte toda la mierda que ven por la tele.
Ser pobre es tener que comprar coches de 800 dólares porque son lo que te puedes permitir, y que te dejen tirado, porque no hay en América un solo coche de 800 dólares que merezca la pena.
Ser pobre es tener la esperanza de que deje de dolerte una muela.
Ser pobre es saber que tu hijo va a casa de sus amigos pero nunca se trae a los amigos a casa.
Ser pobre es ir al servicio antes de ponerte en la cola del comedor escolar para que tus amigos te adelantes y no te oigan decir “el mío es gratis” cuando llegues a la caja.
Ser pobre es vivir al lado de la autopista.
Ser pobre es volver al coche con los niños en el asiento trasero, aferrándote a esa caja de cereales que acabas de comprar, pensando en cómo vas a hacer que entiendan que la caja les tiene que durar.
Ser pobre es preguntarte si tu hermano el rico te miente cuando dice que no le importa que le pidas ayuda.
Ser pobre son juguetes de marca blanca.
Ser pobre es una estufa en una sola habitación de la casa.
Ser pobre es saber que no te puedes dejar 5 dólares encima de la mesa cuando vienen tus amigos.
El sueño europeo…
Autor: José Palazón
El precio de los principios…
Si quieres conseguir algo muy bueno en la vida tienes que luchar muy duro, y nunca perder el norte.
Fuente: www.rtve.es
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