Compañeros de viaje…

Me tomo de nuevo el lujo de realizar un copy/paste del blog de Clifor para compartir esta entrada:

Llegué a casa y encontré una carta procedente de América:

Si eres capaz de ponerte delante de los tanques. Si cantas tu canción pese a que te manden callar. Si una pistola no logra bajar un puño en alto. Si tus lágrimas no son de rendición sino de injusticia. Si tus manos sangran por resistir. Si no importa estar más arriba sino más cerca. Si el miedo no te impide seguir luchando. Si no moldeas los sueños para acomodarlos a la edad. Si escuchas las mismas canciones de hace diez años y te sigues emocionando. Si correr no es lo mismo que huir. Si tus armas entrasen en una mochila, entonces, tienes un sitio en mi coche verde frente a la tienda de ultramarinos. Allen también viene.

Discurso de Steve Jobs…

Hace tiempo, antes de crear este blog, descubrí gracias al blog de Sgrigno un vídeo de Steve Jobs, fundador de Apple en el que les da un discurso de bienvenida a los estudiantes de una universidad.

Dicho discurso es un resumen de su vida, de las distintas etapas, y de los hechos que le han marcado, creo que no tiene ni un solo segundo de desperdicio:

Envejecimos a golpe de fin de semana creyendo haberlo vivido todo…

Me tomo para la entrada de hoy la licencia de coger prestado del blog de Clifor el siguiente texto, una reflexión sobre la adolescencia con la cual en mayor o menor medida creo que la mayoría podemos sentirnos identificados:

Fue entonces cuando todos teníamos las zapatillas del anuncio aunque ninguno éramos capaz de saltar tan lejos como él. El tiempo entre unas olimpiadas y otras era demasiado corto. Todo era demasiado fácil. España cayó en cuartos otra vez. Fue el primer partido que no vi con mi padre. Estaba en un bar. Luego alguien sacó un cigarrillo y a escondidas dábamos un par de caladas. Después mi madre se dio cuenta de que le faltaba tabaco pero en clase tener un cigarrillo o dos era motivo de liderazgo. Llegamos a un punto de no retorno. Los discos de rock eran todos copias unos de otros. Los buenos guitarristas comenzaron a caer como moscas. Ningún futbolista tenía ya bigote e incluso ciudades pequeñas como la mía se permitían el lujo de organizar grandes espectáculos. Decía que llegamos a un punto de no retorno. Envejecimos a golpe de fin de semana creyendo haberlo vivido todo. Probamos absolutamente todo. Era el placer de experimentar. Esnobismo. Con los años me di cuenta de que eran otros los que experimentaban con nosotros. Ahora todos teníamos el móvil del anuncio. El peinado de algún futbolista británico. Ahora, digo, me suda los cojones cuando sean las olimpiadas. Es demasiado tarde para regresar.

Fuente: http://perdicioncity.blogspot.com