Día del trabajador…

Me gusta mi trabajo. Me gusta dar clase aunque hay grupos y grupos, y horas y horas. Me gusta tanto que incluso hablo sobre ese trabajo fuera de mi jornada laboral o en este blog.

Trabajo por dinero. Me gustan más las vacaciones que dar clase al mejor grupo de los que tengo. Mucho más la nómina que las palmaditas en la espalda por el buen trabajo que hago. Las felicitaciones, que vengan en papel de curso legal. Mi ego no necesita más que poderlo satisfacer invitando a la gente que quiero a comer, a disfrutar de un día en la montaña o, simplemente a conversar sin prisa. Eso es vida. Vida es no tener despertador aunque madrugues. Vida es tiempo. Tiempo para poder gestionar de la manera que uno quiera. Y eso no sucede durante el trabajo. El trabajo marca unos tiempos y rutinas profesionales que uno debe cumplir. No hay otra. Especialmente para los que hemos nacido pobres.

Hago mi horario de la mejor manera que sé. Cumplo mi horario «no lectivo» con creces. Dispongo de tiempo para disfrutarlo. Y, en caso de optar por prescindir de ese tiempo libre, a diferencia de antaño, lo hago por dinero. Sí, ya estoy harto del voluntarismo y del altruismo en un contexto capitalista que, por desgracia, está a la orden del día.

La explotación laboral está a la orden del día en muchas profesiones. Algunos creen que su trabajo les va a llevar, quizás a ser los más apreciados o ricos del cementerio. Seguramente hay algunos que suplan su falta de vida personal y aficiones con un incremento de su vida profesional. Ojo, repito. No es malo. Cada uno decide cómo quiere vivir. Bueno, a veces no se puede elegir y debemos vivir de la mejor manera que nos deje las circunstancias en las que nos hemos encontrado.

Un día como hoy es un buen día para recordar que trabajamos para vivir. Y que, como decía una pintada en mi pueblo, si el trabajo fuera bueno se lo guardarían los ricos para ellos. Nadie se hace rico trabajando honradamente. Las excepciones que existen, demuestran que son solo excepciones. Espero haberme explicado bien.

Mi vida empieza al acabar mi trabajo. Y solo tengo una, así que debo aprovecharla al máximo posible.

Fuente: https://xarxatic.com

Radiación ultravioleta…

Además de las cremas solares, a la hora de protegernos del sol conviene tener en cuenta otros parámetros si pretendemos asegurar que la salud de la piel no se resiente en verano: sombrillas, prendas de vestir y de baño e incluso la alimentación.

Índice ultravioleta (UVI)

Para evitar las quemaduras solares, la Organización Mundial de la Salud ha establecido el llamado índice ultravioleta (UVI), que ofrece valores desde 1 (bajo) hasta 11 (muy alto). La recomendación es tomar precauciones frente a la exposición solar a partir de un valor UVI de 3.

Para conocer los datos de UVI local podemos consultar diferentes canales de información, páginas web como la de la AEMET o aplicaciones móviles como UV-DERMA, que además de ofrecer recomendaciones en fotoprotección, la aplicación estima el tiempo que una persona puede permanecer al sol sin quemarse en función de su fototipo y localización geográfica.

Regla de la sombra

Una forma sencilla de reconocer cuándo existe mayor riesgo de sufrir una quemadura solar es mirar nuestra propia sombra. Si resulta que supera nuestra altura, indica que los rayos del sol inciden de forma tangencial y no son peligrosos. Por el contrario, si nuestra sombra es más corta que nuestra altura se debe a que la radiación solar es más directa y tenemos más riesgo de sufrir una quemadura.

Ropas y tejidos

La fotoprotección mediante ropas y tejidos – aunque ésta se reduce en los tejidos naturales de punto holgado, como las camisas de lino- es de gran utilidad y asequible para todos. Está muy extendida la creencia errónea de que protegen más los tejidos claros, pero lo cierto es que ofrecen mejor fotoprotección los colores oscuros. Conviene tener en cuenta que la humedad puede disminuir la protección de los tejidos hasta en un 30%. Por otro lado, la polución ambiental también puede reducir el nivel de fotoprotección.

Uso de sombrillas y toldos

Para evitar las quemaduras solares en las playas, es esencial usar sombrillas y toldos. Sin caer en el error de pensar que la protección que ofrecen es total. No se trata de que la tela de la sombrilla no bloquee la radiación ultravioleta solar (que en algunos casos puede ocurrir), sino que solemos obviar la radiación solar que se refleja desde la arena, el césped o la superficie sobre la que estamos situados. Esa radiación reflejada dependerá del coeficiente de reflexión de la superficie o albedo, que suele oscilar entre el 10% y el 20%, aunque existen superficies como la nieve que pueden reflejar hasta el 80% de la radiación que reciben.

Antioxidantes

El sol tiene un alto poder oxidante, y las personas tenemos antioxidantes naturales que contrarrestan sus efectos negativos. Sin embargo, en situaciones de elevada exposición solar se genera en el organismo especies reactivas de oxígeno que, si no son neutralizadas por los antioxidantes naturales, desencadenan estrés oxidativo. Ese estrés oxidativo acelera los procesos de envejecimiento, daña el ADN celular y aumenta a largo plazo el daño cutáneo.

Para contrarrestarlo, la tendencia actual por parte de la industria farmacéutica es añadir antioxidantes a las cremas solares (y, a la inversa, añadir fotoprotectores a las cremas antienvejecimiento). Si bien la protección que ofrecen frente a la quemadura solar es mínima, son un buen complemento en fotoprotección.

Otra alternativa es consumir alimentos ricos en antioxidantes para contrarrestar los efectos oxidativos del sol. En general, las verduras y frutas frescas son ricas en antioxidantes, muchos de los cuales forman parte de los pigmentos. Por eso su consumo está especialmente indicado en época estival. Así por ejemplo, los betacarotenos (provitamina A) aportan color a la piel y están presentes en frutas y verduras de color naranja, como el melocotón o la zanahoria. El resveratrol de la uva o el licopeno del tomate son otros ejemplos de antioxidantes naturales recomendables en épocas de alta irradiancia solar.

Fuente: https://culturacientifica.com

Reloj de vela…

¿Cómo se las apañaban nuestros antepasados para despertarse a una determinada hora o recibir un aviso de tiempo, cuando no existía el reloj o los despertadores? Aunque resulte difícil de creer, ya existían despertadores de precisión hace 2.000 años.

Los primeros relojes tienen miles de años, y usaban el Sol y las sombras para marcas las horas. Pero obviamente no funcionaban por la noche, o en interiores. Por la noche se empleaban materiales que pudieran cambiar de estado de forma constante. Los relojes de arena eran muy utilizados en la Antigüedad, y también los Relojes de Vela.

La cera de una vela se consume de forma bastante constante, si está bien fabricada. Así que se crearon recipientes con marcas en donde se insertaba una vela, y a medida que se consumía, el tamaño de la vela sobre una marca indicaba la hora.

La ventaja de un Reloj de Vela es que puede convertirse de forma muy sencilla en un despertador. Lo que hacían en la Edad Media era colocar clavos en las zonas de la vela que representaba la hora en la que querían poner la alarma.

Cuando la cera se consumía el clavo caía sobre un plato metálico, haciendo ruido y despertando a la persona dormida. En algunos monasterios usaban bolas de metal metidas dentro de la vela, que rodaban por el suelo. En otros casos se ataba una cuerda con un aro de metal al clavo, y cuando la cera se derretía la anilla se balanceaba en la cuerda y golpeaba varias veces un plato metálico.

Hoy son métodos que nos hacen gracia, pero hay que reconocer que son muy ingeniosos. Y nos permite valorar lo que la tecnología ha conseguido con el paso de los siglos.

Fuente: https://computerhoy.com

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