Las cosas siempre han sido así…

Vía errellana llega esta interesante reflexión, perfectamente aplicable a los tiempos que corren:

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a palos. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: «No se, las cosas siempre se han hecho así aquí…»

“No sé que es, pero me falta algo»

Quizá sean delirios de grandeza, o quizá no… Por eso deseo compartir mi tan cuestionado enigma, algo que en un principio me llevó a adoptar una postura burlesca e incrédula, con ciertas pinceladas de escepticismo pero que en un presente, digamos que por diversos indicios y acontecimientos inconcebibles entre los confines de mi existencia, me ha llevado a cavilar en los aposentos de mi intelecto, una posibilidad remota que tal vez no sea tan descabellada como parece. Y es que en mi tortuoso y dilatado letargo al que hago llamar vida, he llegado a comprender que hay ciertos credos que pasan inadvertidos a nuestros ojos por el simple hecho de que son una pizca antagónicos a nuestra perspectiva de la realidad, la misma que interpreta el mestizaje entre el consciente/subconsciente, o porque resultan ser intolerantes ante nuestro conocimiento. En muchas ocasiones nos hacemos invidentes ante lo que se ve a simple vista, tal vez por miedo o desconfianza.

Lo que venía diciendo es que desde hace ya tiempo experimento una sensación que palpita entre mis enaguas y que nada tiene que ver con la plenitud, un sentimiento que se puede traducir en algo así como; “No se qué es, pero me falta algo». Quizá sea consecuencia del tedio o pasa por ser dependiente de una vida cotidiana, de la monotonía del día a día. Puede que se trate de una crisis espiritual o que soy excesivamente extravagante por naturaleza, no lo descarto pero a la vez me percato, a raíz de una conversación que mantuve la otra noche con cierta persona, de que esa emoción, por llamarlo de algún modo, es más común de lo que creía. Busque para solventar mi duda y en un momento dado encontré unas palabras de un escolástico más bien que mal conocido; Santo Tomas de Aquino, que no me dejaron indiferente: “Solus Deus voluntatem hominis implere potest», que traducido al castellano significa que solo dios puede llenar la voluntad del hombre, lo que da a entender que ninguno de los bienes que nos rodean y que en la vida terrenal podemos alcanzar podrá llenar las aspiraciones de nuestra mente. Quizá lo parezca pero no pretendo hacer una amalgama entre cuestiones paladinas de fe y argumentos cabalísticos y así crear un término ambiguo, pero cierto es que existe un nexo de unión incluso palpable.

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El eslabón perdido de mi adolescencia…

Me he encontrado con esta reflexión de «Kike» en forma de comentario acerca del vídeo «La España más profunda», y tras leerlo detenidamente he decidido que merecía una entrada propia:

Privilegiado me siento al abrir esta página de comentarios recordando lo que siempre he llamado “mis otros tiempos» donde la ignorancia y el desconocimiento hacían pasto de mi vida como fieros déspotas sin compasión para con mi peculiar forma de entender el mundo, recuerdo cuando rompíamos filas al compás de una capella, supongo que hubiese sido disco de oro en aquellos “maravillosos» años a los que pertenece, himno de toda una generación, mi abuelo bien lo recuerda pero sin lágrimas en los ojos, lo que me lleva a pensar que tal vez existiera cierta nostalgia hacia un futuro más emblemático haciendo lo posible para dejar atrás un presente problemático, un futuro del que aún no tenían conocimiento, por lo que no comparto ese refrán que dice: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Cuántas tardes curiosas sin explicación aparente, sin un por qué, entonando el “cara al sol» sin intuir si quiera, a mi parecer, la gravedad del asunto.

Hoy en día la guadaña de la educación y habiendo dejado atrás a la hoz y al martillo, ha segado cualquier vestigio de fanatismo despechado que pudiera apoderarse de mi conciencia en un momento dado y me ha enseñado a devaluar los “países profundos» y que detrás de las banderas, de los himnos y de las fronteras solo hay desigualdad, absoluta miseria e incalculables riquezas que desnivelan la balanza, hambre, ruina e injusticia, un sin fin de status sociales más desfavorecidos que navegan hacia las costas de la esperanza en cayucos y en pateras por un puñado de dólares. Por eso aún me retuerzo en mi lecho cosmopolita al ver escenas más propias de la prehistoria como la del vídeo que me antecede (lo digo porque a este lado del Atlántico Hollywood pasa a llamarse Atapuerca en cuanto al cine de ideas políticas se refiere).

A mi pesar todavía hay gente y no hablo de minorías, que añora esos días de tempestad, algunos porque sembraron su propios vientos y otros, los de mi quinta incluidos, porque ni si quiera saben que es un viento ni una tempestad, nunca lo han vivido, porque confunden los colores y las agujas de sus brújulas bailaron a la hora de inclinarse y a la vez implicarse el día que descubrieron ese epitafio que engloba un sentimiento que creíamos muerto; “Todo por la Patria»…(pero tu sangre es roja amigo, y tu corazón siempre estuvo a la izquierda). E incluso porque hicieron novillos el mismo día que en clase de historia tocaba la guerra civil y sus aledaños. Lástima, otra generación perdida.

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Compañeros de viaje…

Me tomo de nuevo el lujo de realizar un copy/paste del blog de Clifor para compartir esta entrada:

Llegué a casa y encontré una carta procedente de América:

Si eres capaz de ponerte delante de los tanques. Si cantas tu canción pese a que te manden callar. Si una pistola no logra bajar un puño en alto. Si tus lágrimas no son de rendición sino de injusticia. Si tus manos sangran por resistir. Si no importa estar más arriba sino más cerca. Si el miedo no te impide seguir luchando. Si no moldeas los sueños para acomodarlos a la edad. Si escuchas las mismas canciones de hace diez años y te sigues emocionando. Si correr no es lo mismo que huir. Si tus armas entrasen en una mochila, entonces, tienes un sitio en mi coche verde frente a la tienda de ultramarinos. Allen también viene.

Discurso de Steve Jobs…

Hace tiempo, antes de crear este blog, descubrí gracias al blog de Sgrigno un vídeo de Steve Jobs, fundador de Apple en el que les da un discurso de bienvenida a los estudiantes de una universidad.

Dicho discurso es un resumen de su vida, de las distintas etapas, y de los hechos que le han marcado, creo que no tiene ni un solo segundo de desperdicio:

Envejecimos a golpe de fin de semana creyendo haberlo vivido todo…

Me tomo para la entrada de hoy la licencia de coger prestado del blog de Clifor el siguiente texto, una reflexión sobre la adolescencia con la cual en mayor o menor medida creo que la mayoría podemos sentirnos identificados:

Fue entonces cuando todos teníamos las zapatillas del anuncio aunque ninguno éramos capaz de saltar tan lejos como él. El tiempo entre unas olimpiadas y otras era demasiado corto. Todo era demasiado fácil. España cayó en cuartos otra vez. Fue el primer partido que no vi con mi padre. Estaba en un bar. Luego alguien sacó un cigarrillo y a escondidas dábamos un par de caladas. Después mi madre se dio cuenta de que le faltaba tabaco pero en clase tener un cigarrillo o dos era motivo de liderazgo. Llegamos a un punto de no retorno. Los discos de rock eran todos copias unos de otros. Los buenos guitarristas comenzaron a caer como moscas. Ningún futbolista tenía ya bigote e incluso ciudades pequeñas como la mía se permitían el lujo de organizar grandes espectáculos. Decía que llegamos a un punto de no retorno. Envejecimos a golpe de fin de semana creyendo haberlo vivido todo. Probamos absolutamente todo. Era el placer de experimentar. Esnobismo. Con los años me di cuenta de que eran otros los que experimentaban con nosotros. Ahora todos teníamos el móvil del anuncio. El peinado de algún futbolista británico. Ahora, digo, me suda los cojones cuando sean las olimpiadas. Es demasiado tarde para regresar.

Fuente: http://perdicioncity.blogspot.com