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El conocimiento nos hace libres…

Paradoja del cumpleaños…

El problema del cumpleaños, también llamado paradoja del cumpleaños, establece que de un conjunto de 23 personas, hay una probabilidad del 50,7% de que al menos dos personas de ellas cumplan años el mismo día. Para 57 o más personas la probabilidad es mayor del 99%. En sentido estricto esto no es una paradoja ya que no es una contradicción lógica; no es una paradoja pero es una verdad matemática que contradice la común intuición. Mucha gente piensa que la probabilidad es mucho más baja, y que hacen falta muchas más personas para que se alcance la probabilidad del 50%. Si una habitación tuviera 367 personas, por el Principio del palomar sabemos que habría al menos dos personas cumpliendo años en la misma fecha, ya que un año normal tiene 365 días, y uno bisiesto tiene 366.

La clave para entender la paradoja del cumpleaños es pensar que hay muchas probabilidades de encontrar parejas que cumplan años el mismo día. Específicamente, entre 23 personas, hay 23×22/2 = 253 pares, cada uno de ellos un candidato potencial para cumplir la paradoja. Hay que entender que si una persona entrase en una habitación con 22 personas, la probabilidad de que cualquiera cumpla años el mismo día que quien entra, no es del 50%, es mucho más baja. Esto es debido a que ahora sólo hay 22 pares posibles. El problema real de la paradoja del cumpleaños consiste en preguntar si el cumpleaños de cualquiera de las 23 personas coincide con el cumpleaños de alguna de las otras personas.

Fuente: https://es.wikipedia.org

¿Pelo liso o rizado?

La razón por la que su pelo es liso o rizado no es algo sencillo, ni trivial. Por un lado, el tipo de formato capilar es tan potente como para amargar psicológicamente parte de la adolescencia y juventud de cualquier chaval, bien porque su imagen a lo afro le hace ser el diferente del grupo, por ejemplo, o porque su melena lacia es incompatible con lucir un peinado con gracia y volumen. Por otro lado, he aquí lo que nos interesa, detrás de un solo pelo se esconde un batallón de intrigantes circunstancias biológicas, genéticas y fisiológicas que explican por qué una fibra capilar puede ser curvada o recta.

A modo de curiosidad diremos que según los datos que difunde la empresa estadounidense de genómica nutricional GB HealthWatch, basados en las investigaciones de los doctores del Instituto de Investigación Médica de Queensland (Australia), el 45% de la población caucásica en Europa tiene el cabello liso, otro 40% lo luce ondulado, y un 15% pertenece al grupo de lo que popularmente se conoce como rizo cerrado. Por el momento, lo que la ciencia cuenta al respecto es que el hecho de pertenecer a una categoría u otra, de forma natural, depende de tres elementos interrelacionados.

“La predisposición genética y los factores internos que heredamos de nuestros antepasados son los que hacen que una persona nazca con el pelo liso o con el pelo rizado”, comenta la doctora Xenia Vorobieva, dermatóloga estética. En gran medida, como apunta la experta, son estos genes los que van a determinar casi todo. Concretamente, uno con nombre propio: TCHH. Es el que genera la proteína Tricohialina, presente en las células que conforman cada folículo y que, por tanto, tiene mucho que decir a la hora de dar resistencia y forma a la raíz del pelo. Porque el folículo también es clave, pero esto lo explicaremos más adelante. Con respecto al TCHH el gran descubrimiento llegó en 2009, cuando los mencionados científicos del Instituto de Investigación Médica de Queensland hallaron que una mutación de este gen era responsable de la formación del pelo rizado entre un porcentaje de la población europea. Su presencia en el ADN de cada persona marcaba la diferencia entre quienes tenían la cabellera lisa y los que la lucían rizada.

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Velocidad del tiempo…

Cuando somos pequeños, cada cumpleaños parece estar a un siglo de distancia. Sin embargo, a medida que crecemos y envejecemos el tiempo parece acelerarse y cada año “transcurre” más deprisa que el anterior, es decir, cambia nuestra percepción del tiempo.
Experimentos han demostrado que, en efecto, nuestra forma de percibir el tiempo se altera con la edad pero no han servido para hallar la explicación. Esta percepción subjetiva está influenciada por muchos factores, tanto circunstanciales como fisiológicos; a continuación, los comentamos.

¿Cómo percibimos el tiempo?

Para percibir la luz o el color disponemos de ojos y para los sonidos de oídos, sin embargo, para percibir el tiempo, no disponemos de ningún órgano especializado. Aun así, tenemos un sentido del paso del tiempo que nos permite distinguir lo que pasó hace años o días de lo que acaba de suceder. Precisamos más todavía, pues podemos distinguir minutos de segundos y éstos de milisegundos.

Para orientarnos en el tiempo, nuestro cerebro tiene relojes biológicos, como el núcleo supraquiasmático del hipotálamo o la glándula pineal, que controlan los ciclos de sueño y vigilia y la producción de hormonas y neurotransmisores. Hay también marcadores o circunstancias externas que nos ayudan a hacerlo, como los relojes artificiales, los cambios de la luz del día o incluso el ver crecer a los hijos.

La percepción del tiempo también está relacionada con los sentidos. Por ejemplo, evaluamos con más precisión lo que dura un sonido que lo que dura una imagen visual. Lo cual no es extraño, pues, por su naturaleza, el sistema auditivo es el sistema sensorial humano con más especialización y capacidad para percibir el tiempo. Sin embargo, sabemos que sin la vista no podríamos ver, por ejemplo, si es de día o de noche.

También es esencial nuestra capacidad para formar recuerdos, es decir, la memoria. Una de las cosas que pierden los enfermos amnésicos es precisamente la capacidad para percibir el tiempo, tanto de periodos cortos como largos del mismo.

Como hemos visto, en el cerebro humano no existe un único reloj biológico que marque el tiempo objetivamente, sino que intervienen diferentes órganos y estructuras cerebrales. Puede que, precisamente por eso, sea tan difícil explicar como medimos el tiempo subjetivamente.

Circunstancias, emociones y percepción del tiempo

El tiempo vuela cuando estamos alegres, motivados u ocupados. Contrariamente,  cuando estamos enfermos o tristes, nos duele algo, estamos cansados o incómodos, nos aburrimos, esperamos a alguien con impaciencia o estamos en peligro, el tiempo parece haberse detenido.

También se hace eterno cuando le prestamos atención, es decir, cuando estamos pendientes de él.

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