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Viviendo bajo tierra…

metroNueva York se asienta sobre una inmensa roca y su subsuelo está horadado por la intrincada red que teje y conforma el subway (metro). Si bien el trazado en superficie data de 1863, el entramado subterráneo comenzó su construcción en 1904. Desde entonces se han ido añadiendo sucesivas líneas y estaciones, a la vez que se clausuraban las que iban quedando obsoletas. A toda esta red abandonada hay que sumar las lujosas líneas privadas de metro de las que se tiene constancia, y que la adinerada clase alta neoyorquina decimonónica hizo construir para conectar sus mansiones con los lugares más frecuentados por la gente de su clase (hoteles, salas de fiestas), sin tener que utilizar las vías públicas para desplazarse.

El resultado es una complejísima red de túneles y estaciones amontonados unos sobre otros que se hunde en la roca madre de Manhattan a una increíble profundidad. Las estaciones abandonadas simplemente dejan de usarse y quedan en una especie de cápsula del tiempo con el mismo aspecto y mobiliario que el día en que se clausuraron. Muchas veces son tapiados los accesos a los niveles en desuso; otras veces, simplemente una reja prohíbe el paso en algún rincón de los andenes o en algún lugar alejado de la urbe, donde iba a morir la vía; y en algunos casos, las antiguas estaciones son accesibles sólo adentrándose en la red de túneles. Obviamente, cualquier tipo de acceso a estas áreas clausuradas es ilegal, pero parea saciar la curiosidad de los más aventureros, se organizan visitas guiadas a muchas de estas estaciones y andenes abandonados. Sin embargo, lo que se puede visitar es apenas una pequeña parte de lo que permanece en el olvido. Muchas de estas estaciones fantasmas han servido de escenarios a conocidas películas y otras, las más recónditas e inaccesibles, sirven de morada a la mole people, la gente topo.

La mole people son los parias de Nueva York, la gente sin techo (homeless) que sobrevive bajo el suelo de la ciudad. Algunos pudieron tener una vida ordenada anteriormente, incluso ser ejecutivos que un día se arruinaron. Según la leyenda urbana, cuanto más se desciende en el subsuelo neoyorquino, más incivilizadas y extrañas son las tribus que encontramos.

Mucho se ha fantaseado y escrito sobre este grupo de gente, pero algo sí parece claro: que existen y que son en torno a 5000 personas las que viven en las catacumbas neoyorquinas, según un estudio de 1989. El problema viene cuando intentamos establecer las fronteras del alcance del fenómeno, cuando tratamos de trazar los límites donde comienza la ficción. Jennifer Toth, una reportera de Los Angeles Times, fue una de las primeras en cultivar el mito con su libro “The Mole People: Life In The Tunnels Beneath New York City”. El libro está planteado como un supuesto reportaje de investigación (y digo supuesto porque parece que en otras ocasiones, la autora se ha ocupado de recalcar el caracter novelesco del libro), y describe a la mole people como un grupo humano organizado, una especie de tribus que viven bajo la gran ciudad. También es reseñable la obra de Douglas Preston y Lincoln Child, “Reliquary” obra que sí habría que encuadrar ya decididamente dentro del género de novela de ficción.

Jennifer ha recibido las críticas de Joseph Brennan, un experto estudioso y conocedor de las líneas abandonadas del metro neoyorquino, que reprocha a la escritora la falta de precisión en la descripción de los lugares, lo que los hace virtualmente ilocalizables. Según Jennifer, la inexactitud obedecería al hecho de querer proteger a este grupo humano. Joseph mantiene desde hace años un blog de indispensable lectura sobre las estaciones abandonadas del metro de Nueva York.

Sin embargo, muchos se afanan en alimentar la leyenda urbana, afirmando que estas tribus viven permanentemente en el laberinto de túneles y estaciones fantasmas y que allí han desarrollado sus propios rasgos culturales y una nueva estructura social. Tienen electricidad, “robada” de las líneas eléctricas del metro, conviven con ratas y, con menor frecuencia, aligátores (que formarían parte de su dieta). Son familias enteras cuyos hijos, nacidos bajo tierra, nunca han visto la luz del día. Podemos encontrar por los foros de Internet a muchos que incluso afirman haber convivido con estos grupos humanos, a los que describen como pálidos y con ojos más sensibles a la oscuridad. Allí abajo existirían escuelas, alcaldes, etc.

Desde luego parece haber mucho de leyenda urbana, pero no deja de ser apasionante la parte de realidad.

Fuente: www.ovejaselectricas.es

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